Sederunt ®

Cuando acabó el oficio, el Abad recordó a los monjes y a los novicios que debían prepararse para la gran misa de Navidad, y que, como era habitual, el tiempo que faltaba hasta laudes se dedicaría a probar el ajuste de la comunidad en la ejecución de algunos de los cantos previstos para dicha ocasión. En efecto, aquella escuadra de hombres devotos estaba armonizada como un solo cuerpo y una sola voz, y a través de los años había llegado a reconocerse unida en el canto, como una sola alma. 

El Abad invitó a entonar el Sederunt: 

Sederunt principes 

et adversus me 

loquebantur, iniqui. 

Persecuti sunt me. 

Adjuva me, Domine, 

Deus meus salvum me 

fac propter magnam misericordiam tuam. 

Me pregunté si el Abad no habría decidido que se cantara aquel gradual precisamente aquella noche, en que aún asistían al oficio los enviados de los príncipes, para recordar que desde hacía siglos nuestra orden estaba preparada para hacer frente a la persecución de los poderosos apoyándose en su relación privilegiada con el Señor, Dios de los ejércitos. Y en verdad el comienzo del canto produjo una impresión de inmenso poder. 

Perotín: Sederunt principes. Tonus Peregrinus (Antony Pitts)

Con la primera sílaba, se, comenzó un lento y solemne coro de decenas y decenas de voces, cuyo sonido grave inundó las naves y aleteó por encima de nuestras cabezas, aunque al mismo tiempo pareciese surgir del centro de la tierra. Y mientras otras voces empezaban a tejer, sobre aquella línea profunda y continua, una serie de solfeos y melismas, aquel sonido telúrico no se interrumpió: siguió dominando y se mantuvo durante el tiempo que necesita un recitante de voz lenta y cadenciosa para repetir doce veces el Ave Maria. Y como liberadas de todo temor, por la confianza que aquella sílaba obstinada, alegoría de la duración eterna, infundía a los orantes, las otras voces (sobre todo las de los novicios), apoyándose en aquella pétrea e inconmovible base, erigían cúspides, columnas y pináculos de neumas licuescentes que sobresalían unos por encima de los otros. Y mientras mi corazón se pasmaba de deleite por la vibración de un climacus o de un porrectus, de un torculus o de un salicus, aquellas voces parecían estar diciéndome que el alma (la de los orantes, y la mía, que los escuchaba), incapaz de soportar la exuberancia del sentimiento, se desgarraba a través de ellos para expresar la alegría, el dolor, la alabanza y el amor, en un arrebato de suavísimas sonoridades. Mientras tanto, el obstinado empecinamiento de las voces atónicas no cejaba, como si la presencia amenazadora de los enemigos, de los poderosos que perseguían al pueblo del Señor, no acabara de disiparse. Hasta que, por último, aquel neptúnico tumulto de una sola nota pareció vencido, o al menos convencido, y atrapado, por el júbilo aleluyático que lo enfrentaba, y se resolvió en un acorde majestuoso y perfecto, en un neuma supino. 

Umberto Eco. El nombre de la rosa.

melisma
Del gr. μέλισμα mélisma ‘canto1‘.
1. m. Mús. Canción o melodía breve.
2. m. Mús. Grupo de notas sucesivas que forman un neuma o adorno sobre una misma vocal.
neuma1
Del gr. πνεῦμα pneûma ‘espíritu’, ‘soplo’, ‘aliento’.
1. m. Mús. Notación que se empleaba para escribir la música antes del sistema actual.
2. m. Mús. Grupo de notas de adorno con que solían concluir las composiciones musicales de canto llano, y que se vocalizaba con solo la última sílaba de la palabra final. U. m. en pl.

 

 

 

 

 

 

 

 

® Hace diez años: El nombre de la rosa

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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5 respuestas a Sederunt ®

  1. Josep Olivé dijo:

    Por momentos pensaba si no era un texto del Canto de las Sirenas de Eugenio Trías sobre música medieval. Pues no, no es de Trías! Pues me leí el libro de Umberto Eco, muy bueno en su parte sustancial: la de la intriga “policíaca”, como la de un thriller medieval, vamos. En cambio sus numerosos pasajes descriptivos (principalmente en su primera parte) de indiscutible erudición pero excesivos en sus detalles (o sea, demasiada erudición) me cargaban mentalmente, incluso me aburrían, y me era muy difícil imaginar lo que se me estaba explicando. Esta es la razón fundamental por la que, en este caso, me lo pasé mucho mejor con la película que con el libro.
    PD: Me reservo lo que escribiste hace diez años para mañana, que si no me dan las 5 sin enterarme. Menudo post!

    • José Luis dijo:

      El libro es así y puede tener el inconveniente de que la intriga de los asesinatos te impaciente cuando lees la descripción de aquel mundo, pero si salvas eso, por ejemplo ahora que ya sabes de que va, es muy interesante. Creo que lo leí después de la peli, eso pudo influir en que me gustara de pe a pa, y que observase algunos detalles sustanciales distintos de la película. No creí que me fuera a acordar cuando años después me puse a escribir sobre ello, pero al final no salió mal del todo, la verdad es que de las cosas que me hacen pensar que, diez años después, estoy bastante peor…

    • José Luis dijo:

      Por cierto, tan bueno como este parrafo sobre el canto, que me parece magnífico, pero si estás preguntandote por las lenguas negras, puede que lo leas algo demasiado rápido. Aunque esa escena concluye con un monje que cae muerto desde su asiento…

      • Josep Olivé dijo:

        El párrafo del post es muy bueno, mucho. Como estoy hablando de una lectura que hice hará ya unos 40 años es muy probable que esas partes descriptivas tan desarrolladas hoy me gustaran más, simplemente por tener algo más de conocimientos (o sea, culturilla general acumulada).

      • José Luis dijo:

        Y menos prisas 😀

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