Muerte y Transfiguración: Un poema que tampoco necesita argumento

Tod_und_VerklaerungHay poemas sinfónicos en los que la música dibuja lo que explica el texto, como Till Eulenspiegel, y poemas sinfónicos en los que la música explica lo que las palabras no pueden explicar, como Muerte y Transfiguración. Unos y otros pueden ser, y los ejemplos propuestos lo son, igualmente geniales, pero dónde la música llega a su terreno más propio y exclusivo es en los últimos, en los que el argumento es más abstracto y la música debe atender más a las emociones que a los hechos narrados.

En Tod und Verklärung, asistimos en tiempo real a los últimos minutos de la vida de un hombre que ha vivido persiguiendo un ideal, y la música de Strauss sigue tan fielmente esos momentos como lo hace con las peripecias de Till, si salvamos la distancias que impone la muy diferente naturaleza de esas historias. Pero Muerte y Transfiguración es incluso más fácil de seguir (y disfrutar), aún contando únicamente con esa mínima línea argumental. Y aún sin ella, porque, en su plenitud, la música habla por sí sola. Por eso podemos decir que escuchamos los latidos de un corazón arrítmico, sentimos la dificultad de su respiración, las punzadas del dolor, la tumultuosa agitación de la fiebre, y que recordamos con el moribundo la inocencia de su infancia y el arrojo de su juventud, pero cuando llegamos al final del final, ya no hay forma de explicar con palabras lo que explica esa música, conmovedora como pocas. Por eso, para entenderla podrían sobrar hasta las pocas líneas con que Strauss la explicó y que luego detallaría Norman del Mar, el director de orquesta y biógrafo de Strauss.

Se me ocurrió la idea de representar en un poema sinfónico la muerte de una persona que había luchado en pos de los más altos ideales, por lo tanto muy posiblemente un artista. El enfermo yace en su cama dormido, respira pesada e irregularmente; sueños agradables (1:36) ponen una sonrisa en sus rasgos a pesar de su sufrimiento; su sueño se hace más ligero; despierta (4:31); nuevamente es asaltado por un dolor terrible (5:21), sus miembros tiemblan de fiebre. Cuando el ataque retrocede (8:19) y se reduce el dolor, reflexiona acerca de su vida pasada, ante sus ojos pasan su infancia (8:47), su juventud con sus luchas (10:12), sus pasiones (10:57), y luego, mientras vuelve el dolor (11:20), aparece ante él el fruto de su paso (12:38), la idea, el Ideal que ha tratado de concretar, de representar en su arte, pero que no ha logrado perfeccionar porque no está en ningún ser humano la posibilidad de perfeccionarlo. Se acerca la hora de la muerte (14:42), el alma abandona el cuerpo (16:06), para encontrar perfeccionado en su forma más gloriosa (17:46), en el cosmos eterno, lo que no pudo cumplir aquí en la tierra.

 

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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3 respuestas a Muerte y Transfiguración: Un poema que tampoco necesita argumento

  1. Josep Olivé dijo:

    Si, las obras orquestales de Strauss son muy descriptivas, y este magnifico poema sinfónico es un buen ejemplo.

    • José Luis dijo:

      Pero cuando la música es tan potente, la emoción es abstracta, no necesita ningún apoyo argumental, y creo que, de hecho, concretarla en algo personal o en un guión la limita. Cada vez tengo más claro que el argumento puede ser util y necesario para el compositor, pero el oyente no lo necesita. Otra cosa es que haga gracia, y sirva para hablar… 😀

      • Josep Olivé dijo:

        Totalmente de acuerdo. Casi nunca me intereso a fondo por los detalles programáticos de los poemas sinfónicos, y cuando lo he hecho ha sido después de escuchar tantas veces la obra que al final siento una curiosidad más de puro entretenimiento que musicológica. Me pasé años sin saber quienes eran Egmont y Coriolano, y vamos, esas oberturas me entusiasmaban. Y Schonberg, Sibelius, Fauré y un largo etc… de grandes compositores ya podían dejar bien claro en el encabezamiento de la partitura que aquello iba de Pelléas que yo ni caso. Sólo sabía que eran una maravilla. Más que suficiente.

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