Toda la música es mía

Entre los turbios recuerdos de adolescencia siempre hay uno anclado en el fondo de mi memoria. Una aburrida reunión de gente joven tutelada por un cura menos joven. Entonces casi siempre había un cura cerca, luego los he mantenido siempre lejos… En aquel recuerdo casi nadie se conoce, se mira con recelo, comienzan conversaciones apresuradas que acaban al empezar, asfixiadas por la inseguridad. Fuera llueve. El cura busca entre sus recursos para impedir el bloqueo de las almas y comienza a oírse una música por encima de los murmullos, que se apagan de inmediato. Ya no recuerdo más. Tan sólo la sensación de haber dejado el lugar. De haber sido transportado muy lejos, como arrastrado por el viento. Cuando me encontré de nuevo en aquella sala ya no era el mismo porque tenía la música en mí y nunca más me dejaría indiferente. En justicia, al menos eso debo agradecerle y no es poco.

La música es adictiva, como una droga. Desde entonces me apoyo en ella tan pronto siento que me falta el equilibrio. Me ayuda a subir donde sólo puedo estar yo. Con ella bajo a mis lugares más oscuros. Me acompaña cuando río y cuando lloro. Sonidos que no son palabras me explican el mundo. Ilusiones de felicidad, regaladas por la alegría o el dolor de quien dejó en ella parte de su alma. Feliz nuestro tiempo porque nos permite llevarla siempre con nosotros.

Hemos visto ya mucho en arte, en todas las artes. Y resulta difícil encontrar algo nuevo. Pero con la música yo no necesito algo nuevo. Me basta la que encuentro, moderna o clásica. La que me emociona. Me basta el tiempo de una canción y muchas veces no me basta el de una ópera. Me llena la música sola de Vivaldi, Bach, Mozart, Beethoven o Mahler y necesito a veces escuchar la voz que canta una historia que acabo ignorando.

Entonces sé que ellos tuvieron algo de dioses, algún don capaz de hacernos creer por un tiempo que el mundo es un lugar maravilloso. Quien espera una música grandiosa en Wagner o en Beethoven la encuentra y quizás la abandona para escuchar sus melodías sublimes. Verdi y Puccini son la pasión en belleza, Strauss deja un maravilloso lamento en armonía que atraviesa los siglos, Sibelius construye un monumento grandioso de sonido y sentimiento…Son muchos, muchos más los dioses de la música. En algunas obras buscan un soporte de palabras, historias y tramas, a veces absurdas, sobre las que construir palacios de luz. Pero cuando ellos comienzan a hablarme, sin quererlo, a menudo en mi solo queda lugar para la música.

Mis amigos músicos me perdonarán, ellos que la conocen mejor y en ocasiones la hacen. Perdonarán que utilice las tramas sin respeto, que suba por el armazón que sostiene los monumentos de la música hasta que el soporte se me hace invisible, hasta que lo ignoro. Tosca o Macbeth, Traviata o Butterfly, Brünhilde, Norma, Fidelio y Octavian cuentan pasiones, crímenes y leyendas. Son lo debido, los peldaños del artista. Pero yo a veces elijo mi escalera. Su historia, ya es la mía y es distinta. Es otra, la del que escucha. La mía la cuento yo, a mi medida. Las más bellas voces que han existido cantan para mí cuando yo se lo pido. Cuentan mi vida, se alegran y se lamentan conmigo. Es difícil encontrar un regalo más importante. Todos ellos me han hecho el dueño de la música.

 

Max Bruch Concierto para violín Nr 1, María Dueñas con la NDR Elbphilharmonie Orchester

En un concierto sin público, debido a la pandemia, la nueva figura internacional del violín, la joven María Dueñas , interpretó recientemente en el auditorio Elbphilarmonie el concierto Nr. 1 completo de Max Bruch. (Audio del video Youtube)

 

Dos grandes compositores, menos conocidos que Bruch son Ferdinand Ries, amigo y alumno de Beethoven, romántico alemán del siglo XVIII y Carl Reinecke, famoso en su tiempo del siglo XIX como profesor y compositor

Dos movimientos de sus preciosos conciertos para piano y orquesta

Ferdinand Ries, Concierto piano Nr 5, Andantino, Christopher Hinteruber, Bornemouth Symphony Orchestra
Carl Reinecke, Concierto piano Nr. 3 en Do mayor, Largo, Klaus Hellwig, Nordwestdeutsche Philarmonie

 

-♦-

Tan auténtico y acertado que resulta emocionante, vale mucho la pena releer y reconocerse en este canto a la música que ha dejado veset en su blog, Derivas.

 

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Toda la música es mía

  1. Josep Olivé dijo:

    Impossible describir con más sensibilidad, ni con más belleza, lo que en mi vida significa la música. Gracias.

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