Una docena de elefantes de la historia de la música (II) ®

  1. Poulenc: La historia de Babar, el pequeño elefante (1940)

Lo contó el propio autor: Su sobrina Sophie, harta de las cosas raras que su tío tocaba en el piano, le puso en el atril el cuento que estaba leyendo, la historia de un pequeño elefante. Y lo que Poulenc se puso a improvisar para la familia se convertiría años después en una obra para narrador y piano, arreglada luego para orquesta con su beneplácito por Jean Françaix. El elefante se llamaba Dumbo… no no!. ¿Era Elmer?  Tampoco. ¿Quizás Tantor? No: Se llamaba  Babar.

  1. Oliver Wallace & Ned Washington: Marcha de los Elefantes Rosas de Dumbo (1941)

No hay música especialmente memorable en Dumbo salvo, por lo lacrimógeno de la escena, la de la canción que le canta la madre, Hijo mío, que, por otro lado, tampoco tiene nada propio de elefantes. Quienes si lo tiene son los metales del desfile de los congéneres rosas imaginados por un ebrio Dumbo poco antes de descubrir que es capaz de volar. Desde su preludio, la marcha hace pensar inmediatamente en la de El aprendiz de brujo de Dukas que el mismo Disney acababa de llevar al cine en Fantasía.

  1. Stravinsky: Circus Polka: Para un joven elefante (1942)

S: “¿Qué tipo de música?”
B: “Una polca.”
S: “¿Para quién?”
B: “Elefantes.”
S: “¿De qué edad?”
B: “Jóvenes.”
S: “Si son muy jóvenes, la haré.”

Y Stravinsky compuso una polca para el ballet que el circo de los hermanos Ringling (Ringling Bros. and Barnum & Bailey Circus) había encargado a George Balanchine y que fue representado por cincuenta bailarinas y cincuenta elefantes, seguramente no muy jóvenes.

Un estudioso del mundo del circo manifestó entonces su enfado:

“Con las falditas de ballet los elefantes estaban ridículos. La música no les iba bien. A pesar de algunas de las acrobacias que se les hacen efectuar, los elefantes son animales dignos. Responden inmediatamente a las melodías de vals y a la música suave y soñadora e incluso a algunas piezas militares de tempo particularmente circense. La complicada música del “Elephant Ballet” de Stravinsky les confundió e intimidó a la vez. Les robó su sentimiento de seguridad y confianza en el mundo que les rodeaba, tan ajeno a la condición natural de su vida. Hubiera faltado muy poco para que en cualquier momento de las muchas representaciones del ballet se provocase una estampida.”

En 1944, Stravinsky publicó una orquestación de esta breve y divertida obra que, cerca del final, juega con la melodía de la Marcha militar de Schubert…

…de un modo que pone al descubierto la sospechosa filiación del Hosanna del musical Jesucristo Superstar de Lloyd-Weber.

  1. Mancini: La marcha de los elefantitos de Hatari (1962)

La incuestionable número uno de las músicas para elefantes, la genial composición de Henry Mancini para la improvisada escena del paseo y baño de los elefantitos en la película de Howard Hawks. Un boogie bogie afro-americano con una instrumentación ligera, más adecuada a los pequeños animales, con el grave pero jocoso fondo del órgano. Y con el pícolo que antes había usado Kling para su mosquito, perfecto ahora para este simpatiquísimo paseo. Lo tocaba nada menos que James Galway.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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