Sobre la música, sobre Mahler

Marcel Proust escribe en cierto momento de “A la búsqueda del tiempo perdido“: La música me ayudaba a entrar en mí mismo, a descubrir en mí algo nuevo, la variedad que en vano había buscado en la vida, cuya nostalgia me daba, sin embargo, aquella corriente sonora que hacía morir a mi lado sus olas soleadas.

O como lo decía Gustav Mahler: La música es un trozo de sol hecho prisionero.

O como lo declara Adrián, el personaje del Dr Faustus de Thomas Mann: La música es una afirmación de máxima energía pero no como idea sino como realidad: “casi la definición de Dios”

Y Ernest Bloch lo dice así: La música es la restauración del hombre en su grandeza, es un canto consolador en el camino de retorno a través de la oscuridad.

O como lo dice bellamente Rafael Argullol: Ante la música el vacío siempre acaba retrocediendo. Las otras artes pueden emocionar, enaltecer, consolar. Pero únicamente la música es el mago que cura: el oído escucha mientras el espíritu bebe el elixir que le remedia.

Digo yo (y permítanme este pensamiento adjunto): la forma en que la música se hace con nosotros tiene tanto de enigmático como de complejo, momentos en que se aúnan la expresión singular de un intérprete con la repercusión emotiva que esa interpretación produce en nuestra sensibilidad, es decir, el sentir de un sujeto con el sujeto de un sujeto. Esa complejidad incluye determinados movimientos del alma y determinados caminos interiores que recorren ávidamente nuestro cuerpo. La música – la más alta de las metafísicas – es la que hace creíble lo imposible, haciendo de la emoción la instancia legislativa de nuestro mundo interno, porque la música jamás es para nosotros sino siempre nosotros para ella, como aquella copla andaluza:  “Tengo una pena, una pena / que casi puedo decir / que yo no tengo la pena / la pena me tiene a mí”, copla que Mahler repetía constantemente. Decía: Yo no compongo, soy compuesto.

Lo decía Nietzsche: Casi toda la música no comienza a embelesar sino en el momento en que oímos resonar en ella la lengua de nuestro propio pasado.

Lo digo yo: en ese éxtasis propio nuestra piel recoge los sentimientos más secretos e indecibles.

Arnoldo Liberman Stilman. A las vueltas con Gustav Mahler: Música y errancia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Sobre la música, sobre Mahler

  1. josepoliv dijo:

    Inspirado escrito de Arnoldo Liberman. Y como Simon Rattle con su Berliner es el protagonista absoluto de los youtubes añado lo que para él era la música. Venía a decir que no era ni su afición, ni su pasatiempo, ni su musa, ni tan siquiera la consideraba su profesión, la música era, para él, una necesidad. Y desde el mes de Mayo me apunto a la hermosísima descripción de Veset (acerca de lo que significa la música) en su post “Toda la música es mía”. Mahler, la Berliner y Rattle echan el resto.

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