El hombre espiritual

Han cortado la hierba y un olor húmedo y suave se extiende por el paseo. Ves el jardín verde, levemente ondulado, y sientes el deseo de abandonar el camino de arena y avanzar sobre la hierba mullida. ¡Qué hermosa es! Diminuta e inagotable, se extiende ante tus ojos como una entidad ya consumada, dueña de una perfección que sólo en raras ocasiones tienes la oportunidad de sorprender. Los japoneses la rodearían de una cinta hecha de papeles recortados para indicar que debe ser venerada. Estas entidades reciben el nombre de Kami, que en la religión sintoísta es sinónimo de perfección y conocimiento. El viejo precepto “Conviértete en lo que eres” se hace realidad en casos irrepetibles, y una de las tareas del verdadero hombre espiritual es constituirse en el guardián de ese milagro.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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