Migas de Proust (49)

Salíamos al paseo, y por entre sus árboles se veía asomar el campanario de San Hilario. De buena gana me habría sentado allí para estarme toda la tarde leyendo y oyendo las campanas: porque estaba aquello tan hermoso, tan tranquilo, que el sonar de las horas no rompía la calma del día, si no que extraía su contenido, y el campanario, con la indolente y celosa exactitud de una persona que no tiene más quehacer que ése, apretaba en el momento justo la plenitud del silencio para exprimir y dejar caer las gotas de oro que el calor había ido amontonando en su seno lenta y naturalmente.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Migas de Proust (49)

  1. josepoliv dijo:

    “No es el sol,
    sino la campana,
    lo mejor de la mañana”
    A.Machado.
    Si Proust y Machado supieran que en algunos pueblos ya no suenan para no molestar a los turistas… 😦

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