La 37

¿Cómo puede ser que una obra de Mozart no se interprete nunca? Efectivamente, desde 1907 no se interpreta. Es una sinfonía. El catálogo de Köchel (el comúnmente utilizado para las obras de Mozart y que se distingue por la letra K seguida de un número de orden cronológico) nos indica que es de las últimas sinfonías del genio de Salzburgo, o sea que debería corresponder a un Mozart maduro. Y si de un Mozart jovencito no se desperdician ni los huesos ¿por qué los programadores (y directores, e intérpretes) nos la “esconden”? ¿Por qué nos la “evitan”? ¿Por qué nos la “escamotean”? Escuchamos muy a menudo en auditorios y en canales de radio dedicados por entero a la música clásica casi todas las sinfonías que van de la 25 hasta la 41, y entre ellas, con más frecuencia aún las magistrales 25, 29, 31 (París), 35 (Haffner), 36 (Linz), 38 (Praga), y la grandiosa trilogía final que forman la 39, 40 y 41. También se escuchan en los auditorios sinfonías anteriores a la 25, entre otras las llamadas de Salzburgo, preciosas, que ya no nombro porque la relación y catalogación de sinfonías de Mozart es un tema para expertos (hay que tener en cuenta que son bastantes más de las 41 registradas por el editor Köchel, pasan de setenta!). Un lector detallista ya habrá detenido su lectura en la serie numérica escrita anteriormente y se habrá preguntado qué pasa con la 37. ¿Donde está la 37? O tal vez pensará que me he saltado un número sin darme cuenta con mis prisas siempre nerviosas de darle a las teclas. Pues no. La sinfonía 37 existe, vaya si existe, está tan vivita y coleando como que su tonalidad es en sol mayor y que está perfectamente catalogada como K.444 en la relación de obras de Mozart realizada por Köchel. Pero, es curioso, en los auditorios ni está ni se la espera. ¡Una obra de Mozart!

Michel Haydn (1737-1806) fue un notable compositor. Reconocido como tal en la época en que vivió: la misma época que Mozart (1756-1791). Sin duda se conocían. Eran amigos, como también hizo amistad con su padre, Leopold. Y es que resulta que a partir de 1763 y hasta su muerte fue, primero músico de corte y maestro de concierto del príncipe arzobispo Segismund von Schrattenbach en Salzburgo y más tarde sucesor de Mozart cuando éste dejó plantado al inefable príncipe arzobispo Colloredo (hay que ver el fino paladar musical de sus ilustrísimas!). Para ambos compuso una ingente cantidad de música sacra. A añadir que era el hermano menor del Haydn que todos conocemos, Joseph Haydn. Ser compositor en la misma época que Mozart y Haydn tiene que ser muy duro. Hay que tener mucho talento para que no te hagan sombra semejantes árboles. Michael lo tenía (su propio hermano reconocía que su música sacra era mejor!), pero Joseph era mucho Haydn y Mozart era, Mozart era…un regalo de los dioses.

Resulta que en 1907 (sí, sí, el mismo año citado al principio del post, el mismo) un tal Lothar Perger va y descubre al mundo que la sinfonía n.37, sí, sí, la K.444 en sol mayor no es de Wolfgang Amadeus Mozart! ¿De quién será pues? ¡Exacto, lo han adivinado! ¡De Michael Haydn! Su sinfonía n.25, en la misma tonalidad de sol mayor, claro. Tiene bastante de infortunio (por decirlo muy suave) que te digan primero que no llegas a ser un Mozart y que a continuación una obra tuya se la adjudiquen a él. Suena a recochineo. Y que conste que Mozart no tuvo ninguna culpa…o sí. Y es que cuando Mozart estrenó en Linz su sinfonía n.36 (llamada precisamente Linz), en do mayor, K.425, interpretó en el mismo concierto la sinfonía 25 de Micahel Haydn a la que le añadió una brevísima introducción lenta al estilo francés (un adagio lamentoso) y en la que plasmó su autógrafo. También modificó ligeramente la instrumentación, pero nada que adulterara o modificara sustancialmente la naturaleza de la composición original. La casa editorial alemana más importante de la época, Breitkopf & Härtel que aún existe y es la más antigua del mundo, de gran prestigio, no dudó en adjudicar la obra completa a Mozart. Al igual que Köchel. Así que se le adjudicó el número siguiente a la 36, la Linz. Si se dejaron o no llevar por el autógrafo de la introducción ya sería objeto de investigación puesto que para mí no está nada claro. Y diré el por qué. Y es que al bueno de Michael además de ningunearlo primero lo vituperaron después. Efectivamente, resulta que una vez descubierto el pastel por Perger en 1907 va y resulta que los musicólogos nos dicen que cómo es posible que se adjudicara una obra de esas características a Mozart, y poco más o menos vienen a decir que la obra no es digna ni de un Mozart jovencito. ¡Hay que ver! ¡Hay que ver! Primero le quitan la obra a Michael y luego la “pisotean” sin rubor cuando se descubre que no es de Mozart! No hay derecho, digo yo. Y aquí se abren muchas dudas acerca del buen hacer de los señores de Breitkopf & Härtel y de Köchel primero, y de esos musicólogos que ven tan evidente algo que antes de 1907 parece ser que no lo era. ¿Qué pasó? ¿El autógrafo de la pequeña obertura de Mozart fué suficiente para adjudicársela por completo?¿Acaso ni leyeron la partitura?¿Mozart dio a entender en Linz que era también suya, como la 36? No lo creo. Esto último no lo creo, ya que Mozart tenía sinfonías para dar y vender para completar el estreno de la 36. Y tampoco creo que los editores no se dieran cuenta de que esa sinfonía estaba por debajo del nivel del Mozart maduro. Esos editores sabían de música, y mucho, y conocían a ambos compositores muy bien. ¿O es que acaso les empujó un interés mercantilista? Era obvio que Wolfgang vendía más “camisetas” que Michael en esos años, muchas más. ¿Pudo ser una burda manipulación?

Un bravo bien merecido para Lothar Perger, que devolvió una obra a su verdadero dueño, que dejó en ridículo a tan avispados editores y mostró que algunos musicólogos son muy listos una vez ya saben si es gato o gata. Y a continuación la sinfonía 25, en sol mayor, de Michael Haydn con la breve introducción de Mozart. Juzguen ustedes mismos. Yo tengo mi opinión, pero es la de cada uno la que vale. Y porque de ella también, cada cual, puede extraer sus propias conclusiones de lo que pudo llevar a tamaño desaguisado.

 

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3 respuestas a La 37

  1. José Luis dijo:

    Ni idea de la historia, ni, desde luego, de la 37. Creo (sólo creo) que no estoy muy influido por lo que ahora sé, pero en su conjunto parece un Mozart con pocas burbujas. La volveré a escuchar, pero de entrada su añadido no levantaría la menor sospecha, y el primer movimiento no sería de lo mejor pero pasaría bien. Lo que es seguro (y no arriesgo nada) es que no estaría a la altura de las grandes ni de lejos

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