Brahms no tiene Quinta pero tiene Quinteto

Johannes Brahms tenía 29 años en 1862, cuando se embarcó en esta obra maestra seminal del repertorio de música de cámara, aunque la obra no alcanzaría su forma final como su Quinteto para piano hasta dos años después. No era un principiante en la música de cámara cuando inició este proyecto. Ya había escrito docenas de obras para conjunto antes de atreverse a publicar una, su Trío para piano en si mayor (Op. 8) de 1853-1854. Entre esas primeras piezas de cámara inéditas se encontraban unos veinte cuartetos de cuerda, todos los cuales condenó a la destrucción antes de publicar finalmente sus tres obras maduras en ese género clásico en la década de 1870. La verdad es que aprovechó los primeros cuartetos para empapelar las paredes y los techos de su apartamento. “Solo tenía que acostarme de espaldas para admirar mis sonatas y cuartetos”, recordó una vez de su habitación en Hamburgo.

Después de haberse enfrentado a los problemas de la escritura para conjuntos de tres, cuatro y seis instrumentos, Brahms se dispuso a componer una pieza para cinco: un quinteto de cuerdas para dos violines, viola y dos violonchelos. Esta instrumentación sugiere que Brahms podía estar pensando en el Quinteto de cuerda en do mayor de Schubert como su modelo de textura, en vez del más común arreglo «Mozartiano» para quinteto de dos violines, dos violas y violonchelo. El violinista Joseph Joachim, un amigo íntimo de Brahms, expresó sus reservas acerca de la efectividad del quinteto como música de cuerda; cuando una revisión no logró convencerle, Brahms comenzó de nuevo con una textura completamente nueva en mente.

En el transcurso de 1863, la música del Quinteto de Cuerdas de Brahms resurgió lentamente como un extenso dúo de pianos, que el compositor estrenó en Viena en abril de 1864, con Carl Tausig sentado en el otro piano. Irónicamente, los críticos se quejaban ahora de que a la obra le faltaba la calidez que los instrumentos de cuerda habrían proporcionado, lo opuesto a la objeción de Joachim. A diferencia de la versión original del quinteto de cuerdas, que Brahms quemó, el dúo de pianos se publicó, y todavía se interpreta y aprecia, como su Op. 34bis.

Para entonces, sin embargo, Brahms se fue convenciendo cada vez más de la calidad musical de su material y, con la ayuda de la persuasión de su amiga Clara Schumann, le dio a la pieza una nueva oportunidad, incorporando los aspectos más idiomáticos de ambas versiones. El Quinteto de piano resultante, el único ensayo del compositor en ese género (y no es de extrañar, después de tantos problemas), es una de las creaciones más destacadas del catálogo de Brahms, de hecho, de toda la música. Pocas obras rivalizan con su magistral mezcla de estados de ánimo: majestad, serenidad, tensión, presentimientos, ira, alegría absoluta.

El movimiento de apertura (Allegro non troppo) es una vasta estructura en forma de sonata cuya exposición contiene al menos cinco temas que son sometidos a un extenso desarrollo. Si Brahms es extravagante en su elaboración del material, las ideas musicales son en sí mismas precisas y concentradas, tan tensas como una tigresa preparándose para pasar de estar camuflada y agazapada a una persecución desenfrenada.

El movimiento lento (Andante, un poco adagio) es tan sereno y tierno como ansioso era el movimiento de apertura.

Después de ello, el Scherzo irrumpe con energía reprimida, sus tres células musicales se pisan los talones: una melodía nerviosa, sincopada (que contrasta con los insistentes pizzicatos del violonchelo al compás), un nítido motivo en staccato en las cuerdas, y un resumen grandioso, bastante pomposo, de todo el conjunto. La cantábile sección del trío proporciona un momento de relajación antes de que la sección principal del Scherzo regrese para volver a ser escuchada.

El Finale equilibra el primer movimiento con su extenso ámbito. Una introducción inquietante comienza el proceso, pero pronto da paso a una exuberante melodía con tintes gitanos, introducida por el violonchelo. El movimiento se construye gradualmente hasta que, casi agotado, alcanza una coda señalada Presto, non troppo (casi un oxímoron, que pide el tempo más rápido, pero, incluso entonces, atemperado). El final parece más una danza de muerte que una victoria: el torbellino de sus acordes finales martillea el último aliento que aún le queda a esta apasionada creación.

-♦-

00:00 Allegro non troppo
14:58 Andante, un poco adagio
22:55 Scherzo: Allegro
30:34 Finale: Poco Sostenuto—Allegro non troppo—Presto non troppo

 

Un intercambio justo

En el verano de 1871, una joven pianista británica llamada Florence May llegó a Baden-Baden, Alemania, para recibir lecciones de piano de Clara Schumann. Después de algunas semanas, Frau Schumann tuvo que irse de viaje, por lo que Brahms accedió galantemente a hacerse cargo de la instrucción de la Sra. May. En 1905, ella publicaría una biografía del compositor en dos volúmenes, “La vida de Johannes Brahms”, que proporcionaba un tesoro de anécdotas. En ella se cuenta cómo la Op. 34 supondría para su compositor una generosa recompensa:

La sonata para dos pianos de Brahms se escuchó en privado varias veces en Baden-Baden durante el verano [de 1864]. Al recibir el manuscrito del compositor en Julio, Frau Schumann encontró de inmediato las ocasiones de probar la obra … Más adelante en esa misma temporada, la interpretó con el propio Brahms ante la princesa Ana de Hesse, y la obra … dejó huella esa vez. Impresionó mucho a la oyente real, quien, tras el último movimiento, expresó calurosamente al compositor su apreciación de la  hermosura de la pieza. Brahms, satisfecho y complacido por el agradecimiento incondicional de la princesa, la visitó al día siguiente y le pidió permiso, que le fue concedido de inmediato, para dedicarle la obra; y en la publicación al año siguiente en su forma final – un quinteto para piano y cuerdas – el nombre de Su Alteza Real apareció en la portada. La princesa agradeció el cumplido de la dedicación al ofrecer a Brahms uno de sus tesoros: la partitura autógrafa de la Sinfonía en sol menor de Mozart. Pasó después de su muerte, como parte de su biblioteca, a la posesión de la Gesellschaft der Musikfreunde, la Sociedad de amigos de la música de Viena.

James M. Keller, notas de un programa de la New York Philharmonic

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Las apariencias no engañan
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3 respuestas a Brahms no tiene Quinta pero tiene Quinteto

  1. josepoliv dijo:

    Efectivamente esta obra es de lo mejor de lo mejor en música de cámara. Magnífica explicación de la misma y sorprendente regalo el de la princesa. Sorprendente y maravilloso.

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