El canto de las sirenas (LX) – Beethoven, el fundador y el dominador

Ludwig van Beethoven es el fundador de una verdadera iglesia que en él tuvo su Paráclito, y en su música su Pentecostés. La que prevalecerá, sin competencia, durante el siglo XIX y los dos primeros tercios del XX, y que se llamara Música Clásica. Esta iglesia tuvo en la “Oda a la Alegria” de la Novena sinfonía su canticum novum. Después de la pasión y muerte de Wolfgang Amadeus; después también de la relativa ocultación y ostracismo de Papa Haydn; después de la resurrección pascual que sobrevino a Mozart tras su alevoso y anónimo entierro y responso, Ludwig van Beethoven fundó la comunidad espiritual de lo que por música se ha entendido hasta, quizá, la crisis postserial de las neovanguardias. Pues hijos de Beethoven fueron todos: compositores, intérpretes, musicólogos, críticos y público en general.

Por eso resulta tan difícil desprenderse de su imperiosa presencia para contemplar, con oído despejado, el paisaje musical, y en particular el paisaje vienes del estilo clásico. Interfiere en la comprensión musical que tenemos de Wolfgang Amadeus Mozart, de Joseph Haydn y hasta de Franz Schubert (el menos “beethoveniano” de todos los músicos, pese a su incondicional adhesión a su admirado maestro).

La gran tentación ha sido siempre escuchar e interpretar las grandes sinfonías de Joseph Haydn, o sus estupendos cuartetos, como presagios del Gran Mogol, o como cantos de Sibila que ya lo profetizaban; o escoger de los conciertos para piano y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart los que más y mejor podían evocar los de Beethoven (seguramente inferiores; los tres primeros al menos).

Quizás haya sido Joseph Haydn el más perjudicado por este indiscutible triunfo de Beethoven sobre la sensibilidad y el gusto. Y ha sido necesaria la des-comprensión “postmoderna”, o el relajamiento de los hábitos musicales forjados en la pedagogía del paradigma Beethoven, para que pudiese resplandecer en todo su brillo Wolfgang Amadeus (y ya nunca más a la sombra de Ludwig van).

Pero entonces se impone la esplendida tarea de rescatar a Beethoven de sí mismo, o del propio paradigma que su música ha creado y consolidado. Entonces comparece en toda su necesidad, belleza y sublimidad, más acá y más allá de la excesiva influencia y dominación que impuso a siglo y medio de comprensión de su música. Pero aparece así mismo esa música criticada, o discernida y discriminada en sus inmensos logros, en sus concesiones “demagógicas”, o en sus esplendidas extravagancias.

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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3 respuestas a El canto de las sirenas (LX) – Beethoven, el fundador y el dominador

  1. josepoliv dijo:

    «Pero aparece así mismo esa música criticada, o discernida y discriminada en sus inmensos logros, en sus concesiones “demagógicas”, o en sus esplendidas extravagancias.»
    No acabo de entender bien esta frase. En cambio el resto de texto me parece perfecto, aunque disienta en que el tercer concierto para piano y orquesta (ya plenamente beethoveniano) este a un nivel inferior de los de Mozart. Tal vez el primero si y el segundo no se, no se. A este último lo amo especialmente y constituye precisamente una mezcla de estilo mozartiano e impronta beethoveniana. Decididamente no lo considero inferior tampoco a los conciertos mozartianos, y solo hay que escuchar atentamente su adagio. Antes nos quitaremos el sombrero:

    • José Luis dijo:

      Recordarás que Trias había considerado demagógicas cosas como el final de la Quinta, y extravagante el final de la novena, la verdad es que tampoco acabo de entender bien la frase, pero da la sensación que quiere matizar esas observaciones

      Respecto a los conciertos, doctores tendrá la iglesia, este adagio del segundo confirma lo dificiles que son las comparaciones a estos niveles. Otra cosa es lo personales que sean los dos primeros; ya me gustaría a mí componer cosas mozartianas…

      Y se acabó su Beethoven, empieza su Schubert

      P.S. Tras tu YT de Beethoven me ha salido esto,

      y ahora ya no me puedo mover de aquí en una hora… 😀

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