El canto de las sirenas (LXIII) – Schubert: El ideal compartido en una intimidad al resguardo del poder

Schubert  siempre compuso de forma regular. Quizá fue el primer músico que se dedicó íntegramente a la composición musical: que ni fue un virtuoso instrumentista, como lo fueron Mozart y Beethoven, o lo serían, en el piano o en el órgano, Liszt, Mendelssohn o Bruckner. Tampoco perteneció a esa gran generación romántica que se iniciaba desde el principio en el arte de la dirección de orquesta (Mendelssohn, Berlioz, Wagner). Igual que Joseph Haydn quiza -pero sin la protección de un príncipe amigo de la música y de los músicos, que sin embargo le imponía obligaciones regulares-, pudo dedicarse íntegramente a la composición, sin otra obligación que vivir en perpetuo desvelo y fiebre de creación. Eso sí, arropado por una bohemia compartida de amigos que sentían el mismo ideal de belleza, o la misma utopía de un posible Mundo Mejor: en la arcadia griega de Los dioses de Grecia de Schiller, a los que Franz Schubert ponía música,

Schöne Welt, wo bist du? Kehre wieder
Holdes Blüthenalter der Natur!
Ach, nur in dem Feenland der Lieder
Lebt noch deine fabelhafte Spur.
Bello mundo, ¿dónde estás? ¡Vuelve,
hermoso tiempo de floración de la naturaleza!
Oh, solo en el cuento de hadas de una canción 
se hallan rastros de tu magnificencia

o en cierta ciudad hiperbórea, como la utópica Heliópolis de su amigo Johann Mayrhofer.

Im kalten, rauhen Norden
Ist Kunde mir geworden
Von einer Sonnenstadt.
Wo weilt das Schiff, wo winkt der Pfad,
Die mich zu ihren Hallen tragen?
Von Menschen konnt' ich nichts erfragen, -
In Zwiespalt waren sie verloren.
Zur Blume, die sich Helios erkoren,
Die ewig in sein Antlitz blickt,
Wandt' ich mich nun, - und ward entzückt:

»Wende, so wie ich, zur Sonne
Deine Blicke! Dort ist Wonne,
Dort ist Leben; 
Treu ergeben,
Pilg're zu, und zweifle nicht;
Ruhe findest du im Licht;
Licht erzeuget alle Gluten, -
Hoffnungspflanzen, Thatenfluten!«
En el frío, áspero norte
me llegó la noticia
de una ciudad, la ciudad del sol.
¿Dónde hace escala el barco, dónde está el camino
que me lleve a aquellas estancias?
A los hombres no les pude preguntar
pues, en sus discrepancias, estaban confusos.
A la flor, que ha escogido Hèlios
y que siempre mira su rostro,
me he dirigido ahora y he quedado encantado.

»Vuelve, como hago yo, tus ojos
hacia el sol! Allá está el deleite,
allí está la vida; 
Con fiel devoción,
ves allí en peregrinación y no dudes;
en la luz encontrarás la paz.
La luz engendra todos los fervores,
las plantas de la esperanza, el flujo de las acciones!«

Se proyectaban en ese rescoldo de utopía soñada o fantaseada que les preservaba del sórdido mundo político en que vivían. En esa “intimidad al resguardo del poder”, para decirlo al modo de Thomas Mann o de Georg Lukacs, podían sobrellevar una existencia lirica, y una referencia utópica, capaz de protegerles de la tétrica red de complicidades policiales que constituía el mundo restaurado de la monarquía austriaca tras el Congreso de Viena. Su ideal estético de belleza, y la autenticidad del ideal utópico compartido, les preservo de la inclinación hacia el estilo conformista y kitsch de la época que suele denominarse Biedermeier. 

Du holde Kunst, in wieviel grauen Stunden, / ¡Oh, arte benévolo, en cuántas horas sombrías,
Wo mich des Lebens wilder Kreis umstrickt, / cuando me atenaza el círculo feroz de la vida,
Hast du mein Herz zu warmer Lieb’ entzunden, / has inflamado mi corazón con un cálido amor,
Hast mich in eine bess’re Welt entrückt! / me has conducido hacia un mundo mejor!
Oft hat ein Seufzer, deiner Harf’ entflossen, / Con frecuencia se ha escapado un suspiro de tu arpa,
Ein süsser, heiliger, Akkord von dir / un dulce y sagrado acorde tuyo
Den Himmel bess’rer Zeiten mir erschlossen, / me ha abierto el cielo de tiempos mejores.
Du holde Kunst, ich danke dir dafür! / ¡Oh, arte benévolo, te doy las gracias por ello!

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color azul, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este verde, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a El canto de las sirenas (LXIII) – Schubert: El ideal compartido en una intimidad al resguardo del poder

  1. josepoliv dijo:

    Schubert impregnó de «cantabile» todo lo que creó: canciones, sonatas, impromptus, sinfonías, misas… Una maravilla total.

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