Una guía para la música de György Ligeti (1)

Es hacia donde nos dirigimos, por supuesto, pero no todos los compositores te lo advierten. No me refiero sólo a nuestra inevitable defunción y al fin de las cosas tal como las conocemos, sino a algo aún más grande: la muerte térmica del universo. Así es como describe Thomas Adès la cualidad esencial que escucha en la música de György Ligeti, en todas las piezas que escribió el compositor húngaro, desde sus primeras obras antes de huir hacia el oeste oculto entre las sacas de un tren durante el levantamiento húngaro de 1956, hasta la última música que escribió en los años previos a su muerte en Viena en 2006.

Ese viaje creativo abarca algunas de las músicas más ricas del siglo XX y revela un mundo imaginativo de vertiginosa variedad y poder expresivo. No es de extrañar que, de toda la generación de posguerra que estuvo a la vanguardia de la vanguardia en las décadas de 1950 y 1960, sea Ligeti quien más se interprete. Y aquí siguen sólo tres razones del por qué: Escuche el Kyrie del Requiem para una de las visiones más misteriosas de terror musical jamás imaginada,

deléitese luego con el brillo rítmico y la complejidad de una pieza como el primer Estudio para piano,

y disfrute del retorcido mundo armónico del Trío para violín, trompa y piano, como si mirase a Brahms o Schumann a través de un espejo distorsionado.

Pero antes de llegar a las potencialmente infinitas visiones de su música y a lo que creo que Adès quiere decir con esa idea de «muerte térmica», Ligeti es el compositor del siglo XX con connotaciones más cósmicas en la conciencia popular. Ello es debido a la forma en que Stanley Kubrick usó la música de Ligeti en sus películas (Richard Steinitz, en su biografía, relata que fue inicialmente sin permiso) empezando con 2001: Una odisea espacial. En 2001, y también en El resplandor, la música de Ligeti (junto con la de Penderecki y Bartók) es el sonido del otro, del extraterrestre, de lo sobrenatural: pasajes del Réquiem dramatizan las imágenes del monolito de 2001, música de una abrumadora y aterradora inmensidad, de una intensidad sobrenatural,

y Ligeti y los otros modernistas se convierten en los sonidos del trastorno psicológico de Jack Nicholson en El resplandor.*

Pero la verdadera otredad, el carácter distintivo real de la música de Ligeti es mucho más rico que lo que Kubrick escuchó en ella. Desde el comienzo de su vida en Occidente, Ligeti fue una provocadora espina clavada permanentemente en el costado de toda la sabiduría y las ideologías recibidas de las vanguardias. Las interpretaciones de sus piezas orquestales de finales de los 50 y principios de los 60, Apariciones y Atmosphères, fueron la revelación de una nueva forma de estructurar la música y de pensar en las posibilidades del lenguaje musical.

En lugar de aceptar al pie de la letra los dictados del serialismo contemporáneo o de cualquier otro de los ismos de los años 50, la idea de Ligeti era convertir la textura en una fuerza impulsora en la arquitectura musical, tanto como el tono o el ritmo, desarrollando lo que él llamó una «micro-polifonía» de acumulaciones increíblemente densas de líneas musicales para que se percibiese más una nube amorfa de sonido en constante cambio que el movimiento de instrumentos o voces individuales. ¿Suena complicado? Es concebir y componer, pero no para escuchar: estas asombrosas texturas embadurnan,  rebosan y se deslizan en tus oídos en esas piezas orquestales, o en el Réquiem, o en el Lux Aeterna a 16 voces.

Tom Service. The Guardian.

 

* En realidad, la pieza de Ligeti que se escucha en El resplandor, «Lontano», aparece en tres momentos en los que su protagonista no está en la pantalla.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Una guía para la música de György Ligeti (1)

  1. josepoliv dijo:

    Me es difícil escribir sobre esta música. Además, no tengo la imaginación de Thomas Adès (que me gusta mucho como compositor y pianista, dicho sea de paso). Es una música sugerente, que capta la atención por esa rara ambientación o atmósfera que crea. Por tanto mérito tiene, y mucho. Kubrick aprovechó esa cualidad fría (helada?) de esa música (a eso se refiere Adès?) para infundir un terror muy sutil, muy quieto, muy fantasmal. La asociación de música-imagen establecida por Kubrick es tan potente, tan acertada que es casi imposible no asociarla mentalmente al vacío imponente del universo. Recuerdo haber visto «2001…» en mi juventud por dos veces en una misma semana y las escenas con la música del Requiem y de Atmospheres me sobrecogieron. Por aquel entonces no sabía ni quién era Ligeti. De todas maneras siempre he pensado que esa música necesita de imágenes que la «escenifiquen» de manera que cobre sentido. De lo contrario, no tiene demasiado recorrido una vez superada la sorpresa inicial por ese sonido nuevo que, al persistir excesivamente en su duración, tiende peligrosamente a la autocomplacencia de la música minimalista.

    • José Luis dijo:

      Si fuera por necesidad de imágenes, con cerrar los ojos podría ser suficiente. Pero no te quito razón, y Ligeti es de lo más interesante de esas cuerdas. Por un lado atraen esas exploraciones sonoras, pero, de entrada, requiere atención exclusiva y trabajada y la duración acaba siendo el problema, algo más de variedad le vendría muy bien. No solo de melodía vive el hombre, pero algo hay que darle para comer.

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