Les Djinns (1)

Los djinns son criaturas sobrenaturales de la mitología islámica. Habitan en un mundo invisible para los humanos y aunque no son necesariamente malos ni buenos, se asocian generalmente a la enfermedad y la desgracia. Y en este último sentido los representó Victor Hugo en uno de sus más famosos poemas, Les Djinns, aparecido en Les orientales (1829), una colección que el mismo autor definió, provocadoramente, como un «libro inútil de pura poesía».

El poema, “dechado y paradigma para los escritores románticos, apela a diferentes recursos para generar tanto el dinamismo de lo invisible como sus efectos en una conciencia singular: el estremecimiento ante lo imaginario mezclado con lo real es fijado en los versos de Hugo en un intento por describir poéticamente lo indescriptible”. Y el recurso más evidente es la longitud de sus quince octavas líricas (ababcccb) que crecen y decrecen como el ruido de la tempestad de djinns que atraviesan la casa del narrador; un crescendo y descrescendo muy apetitoso para los músicos, por si tuvieran poco con el sugerente texto.

El primero, en 1875, fue un joven Fauré  que, ya  tan breve como personal, prescindió de algunas estrofas en esta hermosísima pieza para coro mixto y acompañamiento que es su música para Les Djinns.

Les Djinns

Murs, ville,
Et port,
Asile
De mort,
Mer grise
Où brise
La brise,
Tout dort.

Dans la plaine
Naît un bruit.
C'est l'haleine
De la nuit.
Elle brame
Comme une âme
Qu'une flamme
Toujours suit.

La voix plus haute
Semble un grelot.
D'un nain qui saute
C'est le galop.
Il fuit, s'élance,
Puis en cadence
Sur un pied danse
Au bout d'un flot.

La rumeur approche,
L'écho la redit.
C'est comme la cloche
D'un couvent maudit;
Comme un bruit de foule,
Qui tonne et qui roule,
Et tantôt s'écroule,
Et tantôt grandit,

Dieu ! la voix sépulcrale
Des Djinns !... Quel bruit ils font !
Fuyons sous la spirale
De l'escalier profond.
Déjà s'éteint ma lampe,
Et l'ombre de la rampe,
Qui le long du mur rampe,
Monte jusqu'au plafond.

(C'est l'essaim des Djinns qui passe,
Et tourbillonne en sifflant !
Les ifs, que leur vol fracasse,
Craquent comme un pin brûlant.
Leur troupeau, lourd et rapide,
Volant dans l'espace vide,
Semble un nuage livide
Qui porte un éclair au flanc.)

(Ils sont tout près ! - Tenons fermée
Cette salle, où nous les narguons.
Quel bruit dehors ! Hideuse armée
De vampires et de dragons !
La poutre du toit descellée
Ploie ainsi qu'une herbe mouillée,
Et la vieille porte rouillée
Tremble, à déraciner ses gonds !)

Cris de l'enfer! voix qui hurle et qui pleure !
L'horrible essaim, poussé par l'aquilon,
Sans doute, ô ciel ! s'abat sur ma demeure.
Le mur fléchit sous le noir bataillon.
La maison crie et chancelle penchée,
Et l'on dirait que, du sol arrachée,
Ainsi qu'il chasse une feuille séchée,
Le vent la roule avec leur tourbillon !

Prophète ! si ta main me sauve
De ces impurs démons des soirs,
J'irai prosterner mon front chauve
Devant tes sacrés encensoirs !
Fais que sur ces portes fidèles
Meure leur souffle d'étincelles,
Et qu'en vain l'ongle de leurs ailes
Grince et crie à ces vitraux noirs !

(Ils sont passés ! - Leur cohorte
S'envole, et fuit, et leurs pieds
Cessent de battre ma porte
De leurs coups multipliés.
L'air est plein d'un bruit de chaînes,
Et dans les forêts prochaines
Frissonnent tous les grands chênes,
Sous leur vol de feu pliés !)

De leurs ailes lointaines
Le battement décroît,
Si confus dans les plaines,
Si faible, que l'on croit
Ouïr la sauterelle
Crier d'une voix grêle,
Ou pétiller la grêle
Sur le plomb d'un vieux toit.

(D'étranges syllabes
Nous viennent encor ;
Ainsi, des arabes
Quand sonne le cor,
Un chant sur la grève
Par instants s'élève,
Et l'enfant qui rêve
Fait des rêves d'or.)

Les Djinns funèbres,
Fils du trépas,
Dans les ténèbres
Pressent leurs pas ;
Leur essaim gronde :
Ainsi, profonde,
Murmure une onde
Qu'on ne voit pas.

Ce bruit vague
Qui s'endort,
C'est la vague
Sur le bord ;
C'est la plainte,
Presque éteinte,
D'une sainte
Pour un mort.

On doute
La nuit...
J'écoute : 
Tout fuit,
Tout passe
L'espace
Efface
Le bruit.

Los Djinns

Muros, ciudad 
y puerto, 
refugio 
de muerte,  
mar gris, 
donde rompe
la brisa,  
todo duerme. 

En la llanura 
nace un ruido. 
Es el aliento 
de la noche. 
Ella brama  
como un alma 
que a una llama 
siempre sigue. 

La voz más alta 
parece un cascabel. 
De un enano que salta 
es el galope. 
Huye, se lanza, 
luego en cadencia 
sobre un pie baila 
en la cresta de una ola. 

El rumor se acerca, 
el eco lo repite. 
Es como la campana 
de un convento maldito; 
como un ruido de gentío, 
que truena y que rueda, 
y que tan pronto se derrumba, 
como se hace mayor. 

¡Dios! ¡La voz sepulcral 
de los Djinns! ... ¡Qué ruido hacen! 
Huyamos bajo la espiral 
de la profunda escalera. 
Ya se apaga mi lámpara, 
y la sombra de la barandilla, 
que repta por la pared, 
se eleva hasta el techo. 

(¡Es el enjambre de Djinns que pasa,  
y se arremolina silbando! 
Los tejos, que su vuelo hace trizas, 
crujen como un pino ardiendo, 
su manada, compacta y veloz, 
volando en el espacio vacío, 
parece una nube lívida 
con un relámpago en su flanco.) 

(¡Están muy cerca! – Mantengamos cerrada
esta habitación, donde les burlaremos. 
¡Qué ruido afuera! ¡Espantoso ejército 
de vampiros y dragones! 
La viga del techo descuajada  
se arquea como la hierba mojada, 
y la vieja puerta oxidada 
tiembla, hasta arrancar sus goznes.) 

¡Gritos del infierno! ¡Voz que aúlla y que llora! 
El horrible enjambre, empujado por el aquilón,  
sin duda, oh cielos! se abate sobre mi morada. 
Los muros ceden bajo el negro batallón. 
La casa grita y vacila inclinándose, 
y se diría que, arrancada del suelo, 
como si persiguiera una hoja seca, 
el viento la hiciera rodar con su torbellino! 

¡Profeta! ¡Si tu mano me salva  
de estos impuros demonios de las noches, 
iré a postrar mi frente calva 
ante tus sagrados incensarios! 
¡Haz que sobre estas puertas fieles 
muera su aliento de chispas, 
y que en vano la uña de sus alas 
chirríe y grite sobre estos negros vitrales! 

(¡Han pasado! - Su cohorte 
vuela, y huye, y sus pies 
dejan de golpear mi puerta  
con sus multiplicados golpes. 
El aire está lleno de un ruido de cadenas, 
y en los bosques cercanos 
tiemblan todos los grandes robles, 
doblados bajo su vuelo de fuego.) 

De sus alas lejanas 
el batir amaina. 
Tan confuso en las llanuras, 
tan débil, que uno cree  
oír los saltamontes 
gritar con voz aguda
o burbujear la granizada 
sobre el plomo de un viejo tejado. 

(Extrañas sílabas
nos siguen llegando; 
así, los árabes 
cuando suena el cuerno, 
un canto en la orilla 
por momentos se alza, 
y el niño que sueña 
tiene sueños de oro.) 

Los Djinns fúnebres, 
hijos de la muerte, 
en las tinieblas 
apresuran su paso; 
su enjambre ruge; 
así, profunda, 
murmura una ola 
que no se ve. 

Este ruido vago 
que se duerme, 
es la ola 
en la orilla; 
es el lamento, 
casi apagado, 
de una santa 
por un muerto. 

Dudamos 
de noche ... 
Escucho: 
Todo huye, 
todo pasa 
El espacio 
borra 
el ruido.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Les Djinns (1)

  1. josepoliv dijo:

    Una maravilla de Fauré! Y que genio el de Víctor Hugo: un poema tan largo relatando tan bien algo fantasmagórico.

    • José Luis dijo:

      Y con unas rimas preciosas: Mer grise ou brise la brise… Ha habido intentos de traducción manteniendolas, pero en los versos cortos es imposible.

      El coro de Faure, precioso, increiblemente desconocido porque es un triunfo seguro

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