Lo que sueñan los niños ®

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.

Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía…
¡Ahora no te escaparás!

Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!

Quedose el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.

Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?

Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.

Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!

A los once años, los niños ya no suelen mostrarse muy interesados en caballitos de cartón, y el cementerio que, quizás en comandita, dibujó un alumno de 5º de EGB inspirado por los últimos versos del poema de Machado y que cierra el video, merece una observación detallada…

… empezando por esa lápida con un balón de baloncesto para despejar cualquier duda acerca de quién es el Pau Gasol que ha (o da por) enterrado el muchacho. O la del  Amazonas, verde y con fresca hierba aunque a la no sombra de un arbol pelado. Ha resultado que «Man Jensen» es un personaje de Bob Sponja y su tumba, con ese 1#, es de la serie infantil. También es probable que ese «Stupid», que no se sabe si asoma su cabeza o un mariscaliano pulgar de aprobación, pertenezca al mundo de los niños de hoy. Tenemos luego el misterioso túmulo aúreo de un tal $$JOSE$, una lápida con año, 1650, subrayado por una Z que hace descartar a Descartes, un púlpito con micrófono para discursos, la tumba «Al soldado desconocido», un enigmático CATA con un XII añadido con bolígrafo y un par de flores a sus pies, un detalle de afecto del que sólo goza también el Amazonas. En la pared del cementerio, una ominosa puerta blindada que hace pensar si lo que cubre la pared no será una alambrada, una lápida rota, otra mohosa o agrietada, el par de murciélagos y alguna otra cosa indescifrable, pero la guinda es la tumba para «el hombre más gordo del mundo», naturalmente  abombada.

Definitivamente, a los once años ya no sueñan con caballitos de cartón.

 

® Hace diez años: Caballito de cartón

 

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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