El canto de las sirenas (LXIV) – La cercanía de la muerte en Schubert

El jóven y la muerte (Jacopo Vignali, 1592–1664)

Se ha dicho, con cierta ironía piadosa: Franz Schubert ha sido el músico que ha estado más cerca de Dios. La matizada piedad religiosa que traslucen muchas de sus obras, como su oratorio inacabado Lazarus, o sus misas, especialmente la última en mi bemol mayor, o muchas de sus canciones, requeriría por sí mismo un ensayo, dada la complejidad del sentimiento que en ellas se advierte. Un Dios secretamente emparentado con la experiencia (no necesariamente atemorizante) de la muerte.

Sorprende la complejidad de las ideas musicales de este compositor, y la inteligencia sensible que en ellas se despliega. Son muy ricas y llenas de sutileza las que versan sobre religión y Dios. O sobre la muerte. Ideas musicales profundas, nada convencionales, imposibles de simplificar. Pueden rastrearse en recorridos transversales por sus canciones, oratorios, misas y obras instrumentales, desde La Muerte y la doncella,

o El muchacho y la Muerte, hasta el Crucifixus de la Misa en mi bemol, o del “Grupo del Tartaro”,

o “El postillon Cronos”, o de los sucesivos personajes que se acercan al moribundo Lázaro en su oratorio inacabado: encajes etéreos en torno a una idea de muerte sobre la que será importante demorarse.

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color azul, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este verde, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a El canto de las sirenas (LXIV) – La cercanía de la muerte en Schubert

  1. josepoliv dijo:

    …y esa muerte en vida que recorre fantasmal todo su Winterreise. Muerte?…suicidio?…crisi existencial?…

    • José Luis dijo:

      Vacio existencial

      EL ORGANILLERO

      En las afueras del pueblo
      hay un organillero.
      Y con dedos entumecidos
      le da a la manivela penosamente.
      Se tambalea desnudo
      sobre el hielo
      Y su platillo siempre
      esta vacío.

      Nadie quiere oírle, nadie le mira.
      Y los perros gruñen alrededor
      del pobre viejo.
      Y el lo ignora todo,
      no se inmuta.
      Da cuerda a su organillo,
      nunca para.

      Extraño viejo,
      ¿Voy contigo?
      ¿Harás girar tu organillo
      para mis canciones?

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