La respuesta a Emilia

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Toeplitz, 17 de Julio de 1812

¡Mi querida y buena Emilia, mi querida amiga!:

Mi respuesta a tu carta llega tarde; un cúmulo de ocupaciones y mi persistente indisposición me excusan. Mi presencia aquí para el restablecimiento de mi salud prueba la veracidad de mis excusas. -No arranques a Haendel, Haydn y Mozart su corona de laurel; les pertenece a ellos y no a mí todavía-. Guardo tu billetera entre otras señales de la estima que me han demostrado otras personas, y que todavía no merezco. 

Continúa, no ejercites tan sólo tu arte, sino penetra en su intimidad; él lo merece, pues sólo el arte y la ciencia elevan al hombre hasta la divinidad. Si alguna vez deseas alguna cosa, mi querida Emilia, escríbeme con toda confianza. El verdadero artista no tiene orgullo; bien sabe que el arte no tiene límites; siente oscuramente hasta qué punto está alejado de su objetivo, y mientras otros, puede ser, le admiran, deplora no haber llegado todavía ahí donde su genio mejor brilla para él como un sol lejano.

Posiblemente iría gustoso a tu casa, con los tuyos, antes que a las casas de muchos ricos en las que se adivina la pobreza de su espíritu. Si voy alguna vez a Hamburgo, iré a tu casa, con tu familia. No reconozco en ningún hombre otro signo de superioridad más que la bondad. -Ahí donde la encuentro, ahí está mi hogar-.

Si quieres escribirme, querida Emilia, dirige tu carta aquí, donde pasaré algunas semanas todavía, o bien a Viena; es lo mismo. Considérame como tu amigo y el de tu familia.

Ludwig van Beethoven.

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Estaba en el balneario donde se encontraría con Goethe, rodeado de toda la aristocracia de Viena, de Berlín y de Weimar. Pero…

De Toeplitz no hay gran cosa que decir; pocos hombres y entre estos pocos nadie notable, por eso vivo – ¡solo! ¡solo! ¡solo!

Solo, pero con su inmortal amada muy presente: fue en Teplice donde le escribió la famosa carta a primeros de Julio de 1812. Quizás por eso demoró su respuesta a Emilia M., una niña de 8 o 10 años, de una familia humilde de Hamburgo, que le había escrito para decirle que soñaba con ser pianista y que «su música la hacía feliz», una fan que le regaló una billetera hecha por ella misma y a la que debemos esta carta, tan reveladora de la personalidad de Beethoven.

Un par de años antes se había publicado su Sonata para piano nº 24, ‘Los adioses’. Es fácil que hiciera feliz a Emilia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a La respuesta a Emilia

  1. josepoliv dijo:

    Seguro que la hizo feliz, pues es una de las más bellas sonatas que compuso, y lo digo con ánimo de resaltarla, dado que bellas, lo que se dice bellas, lo son casi todas. Como bellísima es la carta, en forma y fondo. Sencilla. Emotiva. Sentida. Sincera.

    • José Luis dijo:

      Es la carta de un hombre feliz y optimista, seguramente enamorado hasta las trancas. Pero el «No reconozco en ningún hombre otro signo de superioridad más que la bondad.» es una declaración de esos principios que fundamentan una personalidad. Bien por Beethoven.

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