Wagner: Wesendonck Lieder

Mathilde Wesendonck

Las circunstancias bajo las que Richard Wagner compuso sus «Wesendonck Lieder» son casi legendarias. En mayo de 1849 la caída del gobierno provisional surgido del alzamiento de Dresde puso fin a las actividades revolucionarias de Wagner, que se vio obligado a huir, primero a Weimar y luego, con la ayuda de Liszt, a Zurich, Suiza, donde buscó el apoyo de sus amigos.

Durante su exilio en Zurich, Wagner continuó trabajando en sus obras teóricas y en la ópera Das Rheingold; también participó en la vida musical local. Lo que no cambió para él durante su exilio fue la precariedad de su posición económica. Es decir que, como de costumbre, estaba en la ruina.

Entra en escena Otto Wesendonck, un rico mercader de sedas que, en 1852, le hace a Wagner un generoso préstamo. Pero lo más importante para nuestra narración es la aparición de la Sra. Wesendonck, la joven, guapa y artística esposa del comerciante, que rápidamente cayó bajo el hechizo de Wagner. Wagner, a su vez, había sucumbido igualmente a los encantos de Mathilde, de lo que resultó que ella se convirtiera en su amante y musa.

Fue en 1854 cuando en la vida de Wagner se unieron dos corrientes para dar nacimiento a la idea de su ópera Tristan und Isolde: la lectura del filósofo Arthur Schopenhauer, y su creciente amor por Mathilde. En agosto de 1857 dejó de trabajar en la ópera Sigfrido para comenzar a hacerlo en el poema para Tristán e Isolda. Mientras todo esto ocurría, Otto Wesendonck, que había comprado una finca en las afueras de Zurich, permitió a Wagner y a su esposa Minna mudarse a una casa de campo en sus terrenos por un precio simbólico. Esto sucedió a finales de abril de 1857. Trabajando en el poema de Tristán a partir de Agosto, la proximidad de Mathilde le indujo a leerle cada noche lo que iba escribiendo. (Fue en esta época cuando Wagner conoció a su futura esposa Cósima, en ese entonces recién casada con su amigo, el director de orquesta Hans von Bülow; pero esa es otra historia).

Esta intensa interacción con el poeta-compositor inspiró a Mathilde a componer ella misma cinco apasionados poemas, a los que Wagner puso voz y piano durante el invierno de 1857, mientras trabajaba en el primer acto de Tristán. Más tarde, Mathilde escribiría en sus memorias que él tomó cada uno de sus poemas una vez terminados y les otorgó una «suprema transfiguración y consagración» con su música.

«Der Engel» se basa en un pasaje de Das Rheingold, lo que supone que es en gran medida diatónico. El texto relata la compasión de los ángeles que se arriesgan a la fuerza de la gravedad para llevar a los espíritus terrenales al cielo. Wagner emplea la tonalidad de Sol mayor en la primera y la última estrofa, que describen el reino angélico, contrastándola con el sol menor de las que hablan del dolor del corazón humano que languidece en la tierra.

Der Engel

In der Kindheit frühen Tagen
Hört ich oft von Engeln sagen,
Die des Himmels hehre Wonne
Tauschen mit der Erdensonne,

Daß, wo bang ein Herz in Sorgen
Schmachtet vor der Welt verborgen,
Daß, wo still es will verbluten,
Und vergehn in Tränenfluten,

Daß, wo brünstig sein Gebet
Einzig um Erlösung fleht,
Da der Engel niederschwebt,
Und es sanft gen Himmel hebt.

Ja, es stieg auch mir ein Engel nieder,
Und auf leuchtendem Gefieder
Führt er, ferne jedem Schmerz,
Meinen Geist nun himmelwärts!
El Ángel

En los albores de mi infancia
oí decir que los ángeles
cambiaban las felicidades celestes
por la luz del sol terrenal

Así, cuando un corazón apenado
oculta al mundo su pesar,
cuando sangra en silencio
y se funde entre lágrimas,

cuando ruega con fervor
pidiendo solo su liberación 
el Ángel desciende hacia él
y, dulcemente, le conduce al Cielo.

Si, también un Ángel ha descendido sobre mí
y sobre sus alas resplandecientes
eleva, lejos de cualquier dolor,
mi espíritu hacia el Cielo

«Stehe still» es una súplica al Tiempo para que detenga sus incesantes círculos a fin de que el suplicante pueda experimentar el vacío del ser puro. La inquietud de la música de las dos primeras estrofas da paso a una música más estática y tierna cuando “los ojos beben la alegría en otros ojos”

Stehe still!

Sausendes, brausendes Rad der Zeit,
Messer du der Ewigkeit;
Leuchtende Sphären im weiten All,
Die ihr umringt den Weltenball;
Urewige Schöpfung, halte doch ein,
Genug des Werdens, laß mich sein!

Halte an dich, zeugende Kraft,
Urgedanke, der ewig schafft!
Hemmet den Atem, stillet den Drang,
Schweiget nur eine Sekunde lang!
Schwellende Pulse, fesselt den Schlag;
Ende, des Wollens ew'ger Tag! 

Daß in selig süßem Vergessen
Ich mög alle Wonnen ermessen!
Wenn Aug' in Auge wonnig trinken,
Seele ganz in Seele versinken;
Wesen in Wesen sich wiederfindet,
Und alles Hoffens Ende sich kündet,
Die Lippe verstummt in staunendem Schweigen,
Keinen Wunsch mehr will das Innre zeugen:
Erkennt der Mensch des Ew'gen Spur,
Und löst dein Rätsel, heil'ge Natur!
¡Deténte!

Oh incesante Rueca del Tiempo,
medidora de la Eternidad
Esferas centelleantes del gran Todo
que rodea nuestro globo
Creación original ¡detente!
Cesad en vuestro perpetuo devenir ¡dejadme ser!

¡Detente fuerza creadora!
pensamiento primero en constante creación
¡Deteneos, hálitos! ¡Enmudeced deseos!
Concededme un solo segundo de silencio.
¡Pulso enloquecido, calma tus latidos!
¡Detente, día eterno de la voluntad!

A fin de que, en un afortunado y dulce olvido,
pueda medir toda mi alegría.
Cuando los ojos beben la alegría en otros ojos,
cuando el alma entera se anega en otra alma,
cuando el ser se encuentra en otro ser
y la meta de toda esperanza está cerca
enmudecen los labios, silenciosos en su asombro
y nuestro corazón secreto ya no tiene ningún anhelo.
El hombre reconoce el sello de la Eternidad
y resuelve su enigma, Santa Naturaleza.

«Im Treibhaus» es quizás el texto más schopenhaueriano del ciclo, con su énfasis en la nada de la realidad. El recurrente patrón melódico ascendente alcanza y abraza el vacío. Esta música se encontrará más adelante en el preludio del acto III de Tristán e Isolda.

Im Treibhaus

Hochgewölbte Blätterkronen,
Baldachine von Smaragd,
Kinder ihr aus fernen Zonen, 
Saget mir, warum ihr klagt? 

Schweigend neiget ihr die Zweige, 
Malet Zeichen in die Luft, 
Und der Leiden stummer Zeuge 
Steiget aufwärts, süßer Duft.

Weit in sehnendem Verlangen 
Breitet ihr die Arme aus, 
Und umschlinget wahnbefangen 
Öder Leere nicht'gen Graus.

Wohl, ich weiß es, arme Pflanze; 
Ein Geschicke teilen wir,
Ob umstrahlt von Licht und Glanze, 
Unsre Heimat ist nicht hier! 

Und wie froh die Sonne scheidet 
Von des Tages leerem Schein,
Hüllet der, der wahrhaft leidet,
Sich in Schweigens Dunkel ein.

Stille wird's, ein säuselnd Weben
Füllet bang den dunklen Raum:
Schwere Tropfen seh ich schweben
An der Blätter grünem Saum.
En el invernadero

Coronas de follaje en altas arcadas,
baldaquines de esmeralda,
vosotros, hijos de lejanas religiones,
decidme ¿por qué os lamentáis?

Inclináis en silencio vuestras ramas,
dibujáis signos en el aire
y, como mudo testigo de vuestras penas,
se exhala un dulce perfume.

Grandes, en vuestro ardiente deseo,
abrís vuestros brazos
para estrechar vanamente
el horror espantoso del vacío.

Sé muy bien, pobres plantas,
que compartimos un igual destino.
Aunque viviésemos entre una luz radiante
nuestro hogar no está aquí.

Al igual que el sol gozoso, que abandona
el vacío esplendor del día,
aquel que verdaderamente sufre
se envuelve con el obscuro manto del silencio.

Todo se calma. Un susurro ansioso
llena la estancia obscura.
Estoy viendo cómo pesadas gotas se hinchan
en los verdes bordes de las hojas.

En «Schmerzen», el poeta reflexiona sobre la paradoja de que «si sólo la muerte da vida / y sólo la pena da placer / cuán agradecido estoy de que la naturaleza / me haya concedido tales penas».

Schmerzen

Sonne, weinest jeden Abend
Dir die schönen Augen rot,
Wenn im Meeresspiegel badend 
Dich erreicht der frühe Tod;

Doch erstehst in alter Pracht, 
Glorie der düstren Welt, 
Du am Morgen neu erwacht,
Wie ein stolzer Siegesheld!

Ach, wie sollte ich da klagen,
Wie, mein Herz, so schwer dich sehn, 
Muß die Sonne selbst verzagen,
Muß die Sonne untergehn? 

Und gebieret Tod nur Leben, 
Geben Schmerzen Wonne nur:
O wie dank ich, daß gegeben 
Solche Schmerzen mir Natur! 
Penas (Tormentos)

Sol, lloras todas las noches
hasta que logras enrojecer tus bellos ojos
cuando, bañándote en el espejo del mar,
te ves abatido por una muerte prematura.

Pero regresas con tu antiguo esplendor,
gloria del mundo obscuro,
despertando en la aurora
como un orgulloso héroe vencedor

¿Por qué, pues, debería lamentarme?
¿Por qué mi corazón ha de ser tan pesado?
¿Por qué incluso el propio Sol ha de desesperarse?
¿Por qué el Sol tiene que desaparecer?

Y si solo la muerte da nacimiento a la vida,
si solo los tormentos proporcionan la alegría,
¡oh, cómo te doy las gracias, Naturaleza,
por los tormentos que me has dado!

Como «Im Treibhaus», «Träume» es un estudio para Tristán. El anhelo de disolución del ser, tan profundamente expresado en la ópera a través de una paleta cromática armónica, dibuja en esta canción «una imagen eterna: ¡El olvido de todo, el único recuerdo!»

Träume

Sag, welch wunderbare Träume 
Halten meinen Sinn umfangen, 
Daß sie nicht wie leere Schäume 
Sind in ödes Nichts vergangen? 

Träume, die in jeder Stunde, 
Jedem Tage schöner blühn,
Und mit ihrer Himmelskunde 
Selig durchs Gemüte ziehn! 

Träume, die wie hehre Strahlen 
In die Seele sich versenken, 
Dort ein ewig Bild zu malen:
Allvergessen, Eingedenken! 

Träume, wie wenn Frühlingssonne 
Aus dem Schnee die Blüten küßt, 
Daß zu nie geahnter Wonne 
Sie der neue Tag begrüßt, 

Daß sie wachsen, daß sie blühen, 
Träumed spenden ihren Duft, 
Sanft an deiner Brust verglühen, 
Und dann sinken in die Gruft.
Sueños

Dime ¿qué sueños maravillosos
retienen prisionera a mi alma,
sin desaparecer, como pompas de jabón,
en una nada desolada?

Sueños que a cada hora
de cada día florecen más hermosos.
Y que, con sus prefiguraciones del Cielo, 
pasan felizmente a través de mi espíritu.

Sueños que, como rayos de gloria,
penetran en el alma
para pintar en ella una imagen eterna:
¡el olvido de todo! ¡el recuerdo único!

Sueños parecidos al sol de la primavera
cuyos besos hacen brotar las flores entre la nieve
y que, con una inimaginable felicidad, 
acogen al nuevo día.

Y creciendo, y floreciendo,
y soñando, exhalan su perfume,
y se marchitan, dulcemente, sobre tu pecho
para descender después al sepulcro.

LaPhil.com

 

 

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Wagner: Wesendonck Lieder

  1. josepoliv dijo:

    Estos lieder de Wagner, junto con los cuatro últimos de Strauss y los Rückert-Lieder de Mahler conforman un auténtico nirvana musical, de inmarcesible belleza. Y en las canciones wagnerianas que ocupan el post, la ambientación inconfundible del Tristán en «Im Treibhaus» me trae como recuerdo personal (de hace muchos años) uno en el que, con auriculares, escuchaba el preludio del tercer acto en la cama y quedaba completamente dormido. Vamos, que ni el Limovan de 7,5mg me ha sido nunca tan efectivo. Si quedaba profundamente dormido que ni me enteraba de las lamentaciones e interminables dolores que angustiosamente soltaba el pobre de Tristán a continuación del extenso preludio, corno inglés incluido. No es un comentario nada de nada peyorativo para el sublime preludio, sino todo lo contrario (tiempo ha, un aristócrata eso mismo hacía con las Goldberg, o sea que…). Y «Träume» me trae a un excelso ángel protector de amantes: Brangäne. Wagner sabía de qué iba el amor. Perfectamente.

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