Requiem por el programa de mano

Recientemente fuí a un concierto sabiendo únicamente qué obra principal se iba a interpretar. Era la que me interesaba. Antes de la pandemia, cuando acudía de esta manera un tanto despreocupada por el resto de las obras, al recoger el programa de mano me cercioraba de todo lo que iba a escuchar. Ahora, los auditorios ya no los editan, al menos en Barcelona, y no se cual debe ser la razón una vez eliminadas prácticamente todas las restricciones anti-covid. Bueno, no la sé, pero la intuyo. Por una parte me alegro, ya que así no debo soportar su insufrible manoseo por parte de quienes se aburren. Pero por otra, echo de menos las explicaciones acerca de las obras, autores e intérpretes. Casi siempre su lectura me aportaba un dato nuevo, un concepto interesante, una información a tener en cuenta. Y en muchas ocasiones la prosa era brillante. Se notaba que el firmante no solo era un buen musicólogo sino que escribía muy bien. Aseguro que en ocasiones era un deleite leerlos. Y los he guardado todos desde que asisto a conciertos, y estoy hablando de muchos años. Actualmente, para obtener información del concierto los asistentes de sala me informan que acuda a la web, o que escanee un código QR y que me baje el programa de mano. Sí, sí, lo capto, pero no. No es lo mismo, que no es lo mismo. Para mí no es lo mismo el papel que la pantallita. Además, las veces que por imperiosa necesidad he tenido que hacerlo resulta que la información es pobre y no alcanza, ni de lejos, a la que contenía el programa en papel. Hasta en el formato digital se ahorran costes! Pero hay más: es que no estoy dispuesto a atender al teléfono móvil desde que cruzo la puerta de entrada. Pues en estas andamos, y eso que no he llegado aún a lo grave del asunto. Y es tan grave (para mi) que logra que añore el tiempo pre-pandémico en el que el revoloteo incesante de las hojas del programa eran signo incontestable de aburrimiento. Cierto. Ahora resulta que los que se aburren tienen una pantallita con la que distraerse: hay que ver la de constelaciones que se divisan desde lo alto de un auditorio. ¡Toda una galaxia! ¡Y qué lucecitas! ¡Y qué colores! Antes podías advertir a los que no pueden pasar sin la dichosa maquinita ni las dos horas que dura un concierto que por favor lo apagaran, que su lucecita molesta, y molesta mucho. Pero ahora tienen excusa: están con el programa de mano. Y claro, por qué no revisar, ya de pasada, las últimas noticias, o como va el partido o los últimos mensajes recibidos, e incluso por qué no contestarlos. Da igual si la orquesta esta en pleno vivace o en pleno adagio, si esta en un fortísimo o en un pianissimo, si esta en el primer movimiento o en el último. ¡Hay que ver! ¡Hay que ver! Sí, sí, y puesto que hay que ver, veamos: ¿Cómo es posible que alguien que tenga interés en asistir a un concierto, que se tome el tiempo para procurarse una entrada, que la pague, que se desplace con buen o mal tiempo, que tome asiento en la butaca y que al sonar la música que deseaba escuchar resulta que esta jugueteando con el telefonillo?

¿Pero cómo es posible? La contestación creo que es evidente: son maleducados que, o bien pueden gastarse ese dinero y van simplemente a pasar el rato, o bien es público que asiste al concierto gracias a entradas regaladas sin ton ni son por la organización con el único objeto de hacer bulto y de que la sala no parezca tan vacía. Esto último ya resulta bastante preocupante en Barcelona, ya que a los espabilados que somos abonados o pasamos por taquilla se nos queda un poco la cara como que esta mirando al infinito. Total, que los que no vamos a pasar el rato tenemos que sufrir a esta especie humanoide capaz de hacer ver a nuestros ojos que el teléfono móvil de marras puede llegar a ser, a la vez, un espectacular avance tecnológico y un artefacto detestable. A los tosedores profesionales, a los compulsivos manoseadores de envoltorios de caramelitos, a los bolsos y sus cremalleras, a las que dan el pésame cien veces por minuto con el abanico cual mega-central eólica (hay que ver la contundencia con que los abren y los cierran!), a los que cuchichean, a los aplaudidores impacientísimos, a los turistas que pasaban por ahí y a los invitados que no saben ni donde están ni por qué están se nos ha añadido un ejército de adictos a las pantallitas. Incluso puede que algunos hagan coincidir tan selectas virtudes en un mismo ser humano. Toda una proeza. A veces al salir he lamentado no haberme quedado en casa y escuchar exactamente el mismo programa en mi equipo de música. Dan ganas. Señores gestores, por favor, vuelvan al programa de mano en papel. Si es necesario hagan pagar algo por él. Un buen programa de mano eleva el nivel intelectual y cultural del concierto y prestigia a su organización. Ninguna de las molestias descritas se va a erradicar. Unas ya hace mucho tiempo se instalaron para siempre y otras acaban de llegar para quedarse. Pero al menos unos cuantos nos iremos a casa con el programa de mano, alguna pantallita dejará de encenderse y hasta es posible que se evite ese momento fatídico en que un móvil berrea por la entrada de una llamada o un mensaje en el momento más excelso del adagio. Y si no, por favor, encarguen un Requiem, un Requiem por el programa de mano.

 
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15 respuestas a Requiem por el programa de mano

  1. Nostalgia…
    Pero tienes Qr?
    Lo único justificable es ir por ahorro papel..
    Pero da pena si

    Enviado desde mi iPhone

    • José Luis dijo:

      No sé si te habrás fijado, pero desde hace un tiempo Josep Olivé colabora escribiendo posts, y este es uno de los suyos. En todo caso, suscribo todo lo que dice, aunque aquí en Valladolid ya han vuelto los programas de mano de papel, para bien y para mal, porque justo delante me ha caido una nueva vecina que lo usa de abanico (sin quitarse la bufanda…)

      No es nostalgia, es resistencia en defensa de lo que te gusta y crees que es mejor. Supongo que al final se impondrán las pantallas, pero tiene gracia que el ahorro se haga en las cosas del leer, cuando en las de consumir estamos en despilfarro absoluto.

      • josepoliv dijo:

        La bufanda es para protegerse de la ventolera que levanta su socorrido «abanico», no sea que saliera con amigdalitis. Madre mía.

    • josepoliv dijo:

      Nostalgia no exactamente, porque creo que esta emoción se siente ante lo irrecuperable. Más bien cierto desánimo (o indignación) al constatar donde se recorta y donde se despilfarra. Y sí, da pena. Mucha. Yo creo que es para ahorrarse un dinerillo, que comparado con el presupuesto del equipamiento y de la orquesta residente (OBC) debe ser una miseria, una miseria que bien valdrá una medalla para el recortador. Hay otra variante también molesta: que sea un secuela de la pandemia. Quiero decir que, con pretextos sanitarios, se camufla lo que realmente se quiere imponer.

      • José Luis dijo:

        Ten esperanza, quizás vuelva. Más dificil me parece arreglar toooooooooooooodo lo otro, que bien podrían hacer unos divertidos folletos de dibujitos mostrando como no debe comportarse uno en un concierto

  2. Marta Franke dijo:

    excelente comentario!!!!!! BRAVO!!!!

  3. José Luis dijo:

    – Crecí en un tiempo en que la cultura se transmitía a través de los objetos. Y eran interesantes porque podíamos vivir entre ellos. Podíamos recogerlos. Sostenerlos en nuestras manos. Compararlos.
    – ¿Un poco como libros?
    – Sí, un poco como libros.

    De «La peor persona del mundo» estupendísima película del otro Trier que he visto justo esta tarde

  4. Pau dijo:

    Curiosament, l’altre dia vaig estar a l’auditori escoltant Händel i ho vam estar comentant amb els veïns de butaca, atès que alguns no sabien com descarregar-se el programa amb el mòbil…

    Fantàstica entrada, gràcies per donar veu al que molts pensem!

    • josepoliv dijo:

      Gràcies! Primer ho vaig escriure gairebé com un exercici terapèutic, i acte seguit vaig proposar a José Luis penjar-ho al seu blog, perquè sé que en som uns quants que patim els inconvenients extra-musicals dels concerts actuals.

    • josepoliv dijo:

      Per cert, Amagidi di Gaula? Preciosa òpera!

      • Pau dijo:

        Si! Maquíssima! La veu de Núria Rial és encisadora… però tots molt bé! Que mínim que un programa de mà en paper, no?

        Si Händel i les seves fabuloses òperes no omplen l’auditori, el futur no pinta bé…

        • josepoliv dijo:

          Carpe diem. No hi ha un altra!
          Vaig disfrutar molt a l,Auditori amb aquest Handel aquell dia.

        • josepoliv dijo:

          Aquest any a Barcelona no ens podem queixar amb Handel. Ja portem 4 òperes aquesta temporada:
          Radamisto (Palau)
          Pertenope (Liceu)
          Amagidi di Gaula (Auditori)
          Giulio Cesare (Palau)
          ….i el Messies de tots els anys, és clar.

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