Un alegre rebaño

Tienes que llevar a Habladora a su clase de baile. Aunque la academia está muy cerca de casa, y ni siquiera tiene que cruzar la calle para llegar, ella aún sigue resistiéndose a ir sola, y para que lo haga hay que insistirle mucho, casi obligarla. Esta vez te convence de que vayas con ella. Bajáis las escaleras de la mano, recorréis por la acera los escasos cien metros que separan los dos portales, y os despedís con un beso. Luego la ves reunirse con las otras niñas. Son muy menudas y se apelotonan junto a la profesora con sus mallas de baile; y te parece que has llevado a una ovejita a pastar.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

 

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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