Migas de Proust (58)

La pena acaba por matar. A cada nueva pena demasiado fuerte, sentimos una vena más que se abulta, que desarrolla su sinuosidad mortal a lo largo de nuestra sien, bajo nuestros ojos. Y así se van haciendo poco a poco esas terribles caras descompuestas del viejo Rembrandt, del viejo Beethoven, de quienes todo el mundo se burlaba.

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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