El canto de las sirenas (LXIX) – Mendelssohn, antes de marzo

Mendelssohn Haus (Leipzig)

Hay fechas que cortan el continuo histórico de tal manera que el Antes y el Después dejan de rimar. Una de ellas es, sin duda, 1848. En ambientes austriacos se hace referencia a la época anterior con el término Vormärz (“antes de marzo”). Los idus de marzo de ese año singular trajeron consigo la Revolución.

Cual huracán o tornado, esa fecha zarandeó los cimientos en los que se hallaba asentada la sociedad, con su equilibrio de poderes, y la cultura, con su propensión a la hogareña forma convencional que suele denominarse, en ambientes germánicos, Biedermeier* . Todo un mundo expresivo y simbólico quedó, de pronto, cuestionado. Y ese corrimiento de tierras afectó también al discurso musical. De repente una parte sustancial del paisaje de la música quedó lesionada. El canon musical, que parecía bien arraigado, sufrió sorprendentes alteraciones.

*Ese señor, invención de un escritor satírico, Ludwig Pfau, al cual ente de ficción atribuyó poemas creados por un ingenuo maestro de escuela (que realmente existió), hizo fortuna en todo el mundo germánico, hasta el punto de que terminó definiendo todo un periodo. Denota convencionalismo, ansia de respetabilidad, afectividad sentimental: todo ello característico del gusto medio de la burguesía de la época. Lo que músicos como Robert Schumann llamaron de forma despectiva “filisteismo”.

Félix Mendelssohn fue, en cierto modo, víctima de ese fenómeno atmosférico de gran calado. El compositor había muerto de forma inesperada y prematura con solo treinta y ocho años de edad en la fecha altamente significativa de 1847: ¡un año antes del estallido revolucionario! Como si lo hubiese presentido (y no hubiera podido soportar ser testigo del cataclismo).

Pero el torbellino afectó a una parte sustancial de su obra. Desde entonces esta se partió en dos: ante todo, la que resultó indemne de ese percance político, histórico, cultural: sus oberturas, sus sinfonías Escocesa e Italiana, la música  incidental del Sueño de una noche de verano,

sus conciertos para violín y orquesta, sus tríos con piano. Y con reparos y lentitud en la recepción, sus esplendidos conciertos para piano y orquesta, y sus extraordinarios cuartetos y quintetos. Quizá también sus Canciones sin palabras para piano.

Y, por otra parte, un conjunto de piezas que poco a poco fue siendo cuestionado, y confinado en un enclave histórico Vormärz: su música  religiosa, su música  -encargo del rey de Prusia- para los coros de Antígona y Edipo en Colono de Sófocles, sus dos grandes oratorios, Paulus y Elías, o sus sinfonías segunda y quinta: Lobgesang (Canto de alabanza) y Reforma.

Comenzaron a oírse voces críticas respecto a la naturaleza indiscutible de un músico que Robert Schumann había considerado el Mozart del siglo XIX. En ese aluvión de críticas negativas se juntaron tendencias y corrientes distintas. Unas legítimas. Otras sórdidas, siniestras.

Había un cierto acuerdo, en ascenso a medida que el siglo discurría, en considerar que esas obras tan loadas desde organismos oficiales, tan aplaudidas por un público entregado a los sentimientos y convenciones del universo Vormärz, iban a sufrir duro quebranto.

Eran, por lo demás, las menos espontáneas de las obras de Mendelssohn, las que de forma más evidente procedían de un esfuerzo más cultural que natural, quizá de un cálculo de política musical, quizá también de una necesidad personal de auto-justificación (por su condición de judío que abraza con fervor la fe luterana). Y eran, sobre todo, las más claramente restauradoras, en las cuales quería revivirse el espíritu del último Barroco y del Clasicismo.

Esas actitudes fiscales cristalizaron en diversos escritos que fueron minando la credibilidad de un músico convertido durante dos décadas en verdadero árbitro del gusto musical. Responsable, entre otras proezas, de haber logrado revivir, en su calidad de director de orquesta, la Pasión según san Mateo de J. S. Bach, así como los grandes oratorios de Handel en Alemania.

El más canalla fue el escrito critico que escribió Richard Wagner: su panfleto sobre El judaísmo en la música, un texto antisemita en el que combinaba agudas apreciaciones críticas de la música  de Mendelssohn con la insidia de atribuir los defectos musicales señalados al ascendiente judío del compositor.

Pero no solo desde este frente antisemita, de un nacionalismo germánico rampante, arreciaban las críticas. Un judío disidente, fóbico respecto a todas las confesiones, se convertía también en fiscal: Heinrich Heine. Lamentaba que el inmenso talento de este compositor se pusiera al servicio de la causa cristiana. O se abrevara “de la orina del cordero pascual”, como decía con descaro. Definía su música  como fruto de “la más fina, calculada y aguda inteligencia”, pero completamente “falta de ingenuidad”.

El dardo era certero, pues en la estética romántica de la época se consideraba la Naivität, ingenuidad, un rasgo inherente del arte del genio. No pasó mucho tiempo sin que se hiciera balance de su obra: ésta se había iniciado en sus años de prodigiosa adolescencia, pero a poco que fue madurando traspasó del genio al talento, como sentenció Hans von Bulow.

El sello de lo genial se descubre en la obertura del Sueño de una noche de verano, o en el Octeto, escritos a la edad mágica de dieciséis y quince años respectivamente. Pero el trabajo y el esfuerzo que se advierte en sus oratorios, en su sinfonía Lobgesang, en los salmos, los motetes, el Te Deum, el Magníficat, es propio de un extraordinario talento. Un talento sin la naturalidad espontanea que caracteriza la “obra de arte del genio”. Esa es la idea que se difunde desde mediados del siglo XIX en adelante.

Según esta extendida opinión, no hay ya espontaneidad en esas obras. No hay genuinidad, como el propio Heinrich Heine apostillaba. Se advierte en ellas los forzados trabajos emprendidos sobre la música  antigua, sobre Handel y J. S. Bach especialmente.

Como decía con malicia Hector Berlioz: hay en esa música  un excesivo trato deferente con los difuntos. El propio Mendelssohn reconocía y confesaba esa preferencia. Era el heredero que tomaba posesión, de manera selectiva, de un impresionante legado. Su música  se ponía al servicio de éste, lo mismo que su tarea de director de orquesta.

______________________________________________________________

Todo lo que en estas páginas aparece en este color azul, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este verde, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en El canto de las sirenas, Romanticismo y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a El canto de las sirenas (LXIX) – Mendelssohn, antes de marzo

  1. josepoliv dijo:

    Poquísimo se interpretan sus dos oratorios Paulus y Elías. Tampoco su sinfonía n.2 (de hecho la cuarta, ya que siguiendo un orden cronológico estricto el orden debería ser 1, 5, 4, 2, 3) apenas puede escucharse en los auditorios. Muy injusto, porque son obras muy bellas, como casi toda la producción de Mendelssohn. Sus conciertos para piano también son injustamente escamoteados en las temporadas regulares. Este gran músico se merece mucha más atención. Es brillante, su música despliega grandes dosis de optimismo. No se trata de que sea alegre, ni de que nos haga pasar una buena audición y luego a otra cosa: se trata de la calidad intrínseca que posee. La distinción de sus obras entre talentosas y geniales que nos explica tan acertadamente Trías podría aplicarse prácticamente a todos los grandes compositores, creo yo. Y no se trata de que una línea divisoria en el tiempo sea la que nos separa las talentosas de las geniales, puesto que Trías cita obras geniales que pertenecen a los mismo años en que compuso de geniales y al revés. Y esto también se da en todos los grandes maestros compositores. Por último, lo de Wagner no tiene nombre: el calificativo de canallada usado por Trías es más que apropiado.

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s