Chopin en el Diario de Delacroix (3)

1849

29 de Enero.

Por la tarde, fui a ver a Chopin; me quedé con él hasta las diez. ¡Querido amigo! Hablamos de Mme Sand, de su raro destino, de esa combinación de cualidades y vicios. Era a propósito de sus Memorias. Me dijo que a él le sería imposible escribirlas. Ella ha olvidado todo eso; tiene explosiones de sensibilidad y luego olvida rápidamente. Lloró a su viejo amigo Pierret y no volvió a pensar más en ello. Le dije que preveía una vejez desgraciada para ella. El no lo cree así… Su conciencia no le reprocha nada de lo que le echan en cara sus amigos. Tiene una buena salud que puede mantenerse por sí misma: solo una cosa la afectaría profundamente, y sería la pérdida de Maurice, o que empeorara.

En cuanto a Chopin, la enfermedad le impide interesarse por nada y mucho menos aún por el trabajo. Le he dicho que la edad y las agitaciones diarias no tardarían en enfriarme a mí también. Me dijo que me veía con fuerza para resistir.  «Disfrutas de tu talento, dijo, con una especie de seguridad que es un privilegio raro, y que bien vale la búsqueda febril de la reputación.»

Lunes 5 de Marzo. 

He conocido a Prudent; imita mucho a Chopin. Me he sentido orgulloso de mi pobre gran hombre moribundo.

Sábado 7 de Abril

Hacia las tres y media, he acompañado a Chopin a dar su paseo en coche. Aunque fatigado, me sentía feliz de poder serle útil en algo… La Avenida de los Campos Elíseos, el Arco de l’Étoile, la botella de vino de taberna; parada en las barreras, etc.

Durante el paseo me habló de música, y eso lo reanimó. Le pregunté qué es lo que establece la lógica en la música. Me ha hecho comprender lo que es la armonía y el contrapunto; cómo la fuga es la lógica pura en música, y que el conocer bien la fuga es conocer el elemento de toda razón y de toda consecuencia en música. He pensado en lo feliz que hubiera sido yo de haberme podido instruir en todo eso que desespera a los músicos vulgares. Este sentimiento me ha dado una idea del placer que los sabios dignos de serlo, encuentran en la ciencia. Y es que la verdadera ciencia no es lo que ordinariamente se conoce por esa palabra, es decir, una región del conocimiento diferente del arte: ¡no! La ciencia considerada así y demostrada por un hombre como Chopin, es el arte mismo, y por  contra, el arte no es ya entonces eso que cree el vulgo que es arte, es decir, una especie de inspiración que viene de no se sabe dónde, marcha al azar  y no muestra más que el exterior pintoresco de las cosas. El arte es la razón misma engalanada por el genio, pero siguiendo unos pasos determinados y contenida por leyes superiores. Esto me lleva a la diferencia entre Mozart y Beethoven: «Allí —me decía— donde este último es oscuro y parece falto de unidad, no es a causa de la pretendida originalidad, un poco salvaje, con que se le honra; es que volvió la espalda a principios eternos. Mozart no lo hizo jamás. Cada parte tiene su propio movimiento, que, acomodándose al de todas las demás, forma un canto y lo sigue perfectamente: esto es el contrapunto, «punto contrapunto.»  Me dijo que es costumbre aprender los acordes antes que el contrapunto, es decir, la sucesión de notas que lleva a los acordes… Berlioz coloca los acordes, y luego rellena los intervalos como puede.

Sábado 14 de Abril

Por la tarde en casa de Chopin: lo he encontrado muy abatido, respirando apenas. Al cabo de un rato mi presencia lo reanimó. Me dijo que el aburrimiento era para él su tormento más cruel. Le pregunté si no había sentido antes el vacío insoportable que yo experimento algunas veces. Me contestó que sabía estar ocupado siempre con alguna cosa, por nimia que fuese; una ocupación llena los momentos y disipa esos vapores. Otra cosa son los sufrimientos.

Mazurca op. 68 nº 4, en Fa menor (1849)
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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Chopin en el Diario de Delacroix (3)

  1. josepoliv dijo:

    Sabía de la admiración que sentía Chopin por Mozart pero me sorprende el extraño comentario que hace de Beethoven. No se entiende que Chopin alegue que «parece» falto de unidad cuando Beethoven es el gran maestro de la forma. Y que diga que «volvió la espalda a principios eternos» como si fuera un defecto, cuando es todo lo contrario: una de las virtudes que lo ha hecho tan grande.

    • José Luis dijo:

      » la pretendida originalidad, un poco salvaje, con que se le honra». No me parece tan raro. En su momento, sólo algunos profesionales muy lucidos entenderían esa revolución. Y Chopín es bastante más clásico que Beethoven.

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