300 favoritas (24) – Las tres de Bruch

Como decía muy modestamente Richard Strauss de sí mismo, puede que Bruch no fuera un compositor de los de primerísima línea, pero sí un compositor de primera clase de los de la segunda línea. Y tener tres de sus obras entre las 300 preferidas de los votantes de CLASSICfM da medida de su popularidad actual, aunque en realidad, se deba y limite en gran parte a estas tres piezas, El Concierto para violín nº 1, Kol Nidrei y la Fantasía Escocesa, tres composiciones para instrumento de cuerda y orquesta, como la cuarta que quizás podría añadirse, la deliciosa Romanza para viola. En todo caso, no es mala cosecha para este autor que los expertos valoran mucho por su bastante ignorada música coral, y que en vida fue oscurecido por la sombra del gran representante del último romanticismo alemán, su amigo Brahms.

264 Fantasía Escocesa     Max Bruch

Como muchos compositores, Max Bruch quedó cautivado tanto por la idea como por el sonido de la música folclórica. En ningún lugar es esto más evidente que en su Fantasía escocesa para violín y orquesta. A pesar de que Bruch no había pisado Escocia en el momento en que la escribió, no hay nada que sugiera que la obra no esté basada únicamente más que en auténticas melodías escocesas. Llamativamente, Bruch usa un arpa en la Fantasía escocesa, con toda probabilidad pensando que el instrumento era central en la auténtica música folclórica escocesa. Todavía hoy se discute si realmente había escuchado tocar un arpa celta cuando escribió la pieza.

Una excelente versión, la de Jascha Heifetz en 1961, con la New Symphony de Londres dirigida  por Malcom Sargent, y enlaces a las canciones populares escocesas sobre la que Bruch construyó cada uno de sus cuatro movimientos:

I. Introducción; Grave, Adagio cantabile (Auld Rob Morris o Through the Wood Laddie)

II. Scherzo; Allegro (The Dusty Miller)

III. Andante sostenuto (I’m A’ Doun for Lack O’ Johnnie)

IV. Finale; Allegro guerriero (Hey Tuttie Tatie, del himno patriótico Scots Wha Hae)

 

Bruch no era desde luego escocés, aunque pasó tres años en Liverpool, pero tampoco judío, y sin embargo, su música fue prohibida por los nazis debido a que la inequívoca orientación de la segunda preferida, Kol Nidrei, les llevó a etiquetarle como “posible judío”. Lo cual, hacía obviamente deleznable su música.

184 Kol Nidrei     Max Bruch

Esta cálida y ricamente evocadora obra de Max Bruch para violonchelo y orquesta fue una de las primeras piezas que se puso a escribir cuando asumió el cargo de director principal de la Orquesta Filarmónica de Liverpool. Fue compuesta específicamente para la comunidad judía de Liverpool, tomando como inspiración dos melodías hebreas tradicionales. La primera, escuchada al principio, tiene su origen en el tradicional servicio judío de la noche de Yom Kippur; la segunda es un extracto de un arreglo musical para el poema de Byron Oh! llora por los que lloraron en el arroyo de Babel.

Por Janos Starker, con Antal Dorati al frente de la LSO, un lujazo.

 

Puede que el paso de Bruch por la ciudad de Liverpool haya influido en la sorprendente popularidad de esta hermosa pieza entre el público inglés, porque lo cierto es que en nuestro medio no es demasiado conocida. Y quizás por lo misma razón, su obra más universalmente apreciada, el Concierto para violín,  ocupe tan altísimo lugar en la consideración de los votantes de la emisora británica. Y les parece poco.

24 Concierto para violín No. 1    Max Bruch

A pesar de haber encabezado en una ocasión el Salón de la Fama Classic, el Finale del Concierto para Violín No. 1 de Max Bruch ha caído un poco en desgracia en los últimos años. Sin embargo, sigue siendo uno de los conciertos para violín más populares y hermosos. Conocido a menudo como ‘el Concierto para violín de Bruch’, es fácil olvidar que el compositor en realidad escribió tres. Los otros dos, sin embargo, nunca han igualado al No. 1  en popularidad; desde luego, Bruch puso el listón un poco demasiado alto para sí mismo con este impresionante debut con deslumbrantes pasajes de virtuosismo y contundentes melodías. De hecho, quedó frustrado por ello durante la mayor parte de su vida, sintiéndose encasillado como un «one-hit wonder», cuando, en realidad, compuso muchas cosas más.

Más de 200, pero el lugar entre ellas de su primer Concierto para violín es tan incuestionable como esta interpretación firmada por otros dos nombres míticos, Josef Suk y Karel Ancerl con la Filarmónica Checa, en una grabación de 1963 para disfrutar de lo lindo.

I. Vorspiel​ – Allegro moderato. II. Adagio

III. Finale – Allegro energico

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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