El canto de las sirenas (LXX) – Los denarios de Mendelssohn

El joven Mendelssohn con Goethe

Heinrich Heine, judío como Mendelssohn, no le perdonaba su conversión al cristianismo. No solo fue bautizado cuando tenía doce años, junto con su hermana Fanny (y, poco después, su propio padre), sino que quiso manifestar una y otra vez la profunda convicción con que abrazaba la religión cristiana en versión luterana.

Había gozado de los mejores preceptores. En plena adolescencia, él y su hermana Rebecca sabían recitar en griego y componer poemas en esta lengua, además de conocer el latín. Ese bagaje increíble, fruto del azar de la inteligencia y de la necesidad de una educación planeada por una de las familias más ricas y cultas de Alemania, se ponía al servicio de la fe cristiana y luterana.

Eso provocaba el gozo extasiado de reyes y príncipes protestantes, como el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria de Gran Bretaña, entusiasta de Mendelssohn. O del recién entronizado rey de Prusia, Federico Guillermo IV, el “romántico coronado”, como se le solía llamar, que le requirió en su corte, donde compuso la música  de los coros de Antígona y Edipo en Colono.

Esas inmensas facilidades del origen, o del medio familiar, en donde se vivía en una especie de fiesta perpetua en su adolescencia, con veladas musicales, poéticas, teatrales, todas en el seno de esa familia aristocrática judía, provocaron ciertamente suspicacia y envidia.

Al final se planteó la pregunta obvia, una vez muerto el compositor: ¿se habían utilizado debidamente esos magníficos denarios, y ese entorno de maravilla que lo gestó y asistió?

No cabe duda de que así sucedió en esos primeros años sobrenaturales, entre los quince y los veinte, en los que produjo lo mejor, quizá, de toda su obra, desde el Octeto a las principales oberturas (primero el Sueño de una noche de verano, pronto Las Hébridas y Mar en calma y viaje feliz), así como sus primeros cuartetos, su primer quinteto, y sus excelentes trece sinfonías para cuerda, anteriores a la primera sinfonía oficial (y que quedaron inéditas durante la vida del compositor).

Sinfonía para cuerdas nº 10, compuesta por Mendelssohn en 1823, a los 14 años 

Parece entonces que los años siguientes son, en comparación con esos años milagrosos, algo redundantes. Incluso hay quienes ven un debilitamiento creador, o una excesiva influencia del ambiente de afectividad sentimental, y de convencionalismo respetable, propio del mundo del célebre Herr Biedermeier, un inexistente personaje, como se ha dicho: pura ficción de la malicia de un escritor satírico, con el que termino por definirse toda la cultura de ese periodo Vormárz de la restauración anterior al estallido revolucionario de 1848.

Hacia fines de siglo Bernard Shaw ridiculiza la música  de Mendelssohn. Y bajo su estela (y la de Wagner), el propio Ludwig Wittgenstein, desde Viena, apostrofa y confirma su criticismo frente a Mendelssohn, con el que podía sentirse profundamente identificado. Procedía también de una familia judía integrada de gran fortuna y cultura. Solo que, a diferencia del compositor, el filosofo mostro enseguida rasgos de disidencia y heterodoxia.

Todos los críticos coincidían en lo mismo: falta de profundidad, poco sentido dramático, nula sensibilidad trágica, sentimentalismo. Así se preparaba un escenario de horror, consumado a través de Hitler, en el que se quiso erradicar su música, borrarla de la faz de la tierra. Se derribó el monumento que se le había erigido en Leipzig, y se procedió a expulsar al infierno del silencio la obra entera de este gran compositor.

Un crítico recordaba, de todos modos, que en la pintura italiana existían los artistas mayores, Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, pero también había lugar en el canon para Correggio, que era un excelente pintor lleno de gracia, por mucho que no alcanzaba la talla de los citados.

Jerusalem, Jerusalem (Paulus) (1836)

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color azul, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este verde, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a El canto de las sirenas (LXX) – Los denarios de Mendelssohn

  1. josepoliv dijo:

    Yo diría que le cogieron manía. Y no por su obra sino por sus circunstancias identitarias y familiares. Aunque convertido al cristianismo su procedencia judía no podía ser asimilada por las corrientes antisemitas centroeuropeas de aquella época. Que fuera de familia noble y muy rica le perjudicó más que le ayudó. Judío y rico: mal asunto para mentes enfermas de antisemitismo. Además músico, y de los buenos y apreciados. Gran director y gran compositor. O sea, intolerable. Podía haber vivido de renta y disfrutar de la vida, pero estudió y se forjó una gran reputación como director y compositor. Para mí ya esto es admirable. Y su obra es escuchada y apreciada en nuestros días. El nazismo quiso borrar del mapa a Mendelsshon. Vana pretensión. Ilusos.

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