D’amour l’ardente flamme

La Marcha Húngara que Berlioz incorporó a La condenación de Fausto para hacer la rosca al público de Pest con ese arreglo de una canción de su folclore, es sin duda la pieza más escuchada de lo que su autor etiquetó como una “leyenda dramática”. Lo cual es tan comprensible como injusto y hasta un poquito triste, cuando su última “parte” empieza con una de las arias más hermosas de la historia (gracias también al papel del corno inglés, anterior al del pastor de Tristán e Isolda , al violoncelo que se lamenta con Felipe II en Don Carlo y desde luego al oboe de La misión de Morricone.) D’amour l’ardente flamme, Fausto ha dejado a Margarita. Y, en homenaje a la más grande y con su permiso, Jessie Norman, ni los ruiditos de esta deteriorada grabación pueden con ella.

D'amour l'ardente flamme,
Consume mes beaux jours.
Ah! la paix de mon âme
A donc fui pour toujours!

Son départ, son absence
Sont pour moi le cercueil,
Et loin de sa présence,
Tout me paraît en deuil.
Alors ma pauvre tête
Se dérange bientôt,
Mon faible cœur s'arrête,
Puis se glace aussitôt.

Sa marche que j'admire,
Son port si gracieux,
Sa bouche au doux sourire,
Le charme de ses yeux,
Sa voix enchanteresse,
Dont il sait m'embraser,
De sa main, la caresse,
Hélas! et son baiser,
D'une amoureuse flamme,
Consument mes beaux jours!
Ah! le paix de mon âme
A donc fui pour toujours!

Je suis à ma fenêtre,
Ou dehors, tout le jour -
C'est pour le voir paraître,
Ou hâter son retour.
Mon cœur bat et se presse
Dès qu'il le sent venir,
Au gré de ma tendresse,
Puis-je le retenir!
O caresses de flamme!
Que je voudrais un jour
Voir s'exhaler mon âme
Dans ses baisers d'amour!

Au son des trompettes,
Les braves soldats,
S'élancent aux fêtes
Ou bien aux combats.

Bientôt la ville entière au repos va se rendre.
Si grande est la peine,
Le prix est plus grand.
Clairons, tambours du soir déjà se font entendre
Avec des chants joyeux,
Comme au soir où l'amour 
offrit Faust à mes yeux.

Jam nox stellata velancina pandit;
Per urbem quærentes puellas eamus!

Il ne vient pas,
Hélas! 
La ardiente llama del amor
consume mis buenos días.
¡Ah! ¡La paz de mi alma
ha huido pues para siempre!

Su partida, su ausencia, 
para mí son como el ataúd, 
y lejos de su presencia
todo me parece de luto.
Mi mente se debilita 
y pierdo la razón,
mi frágil corazón se detiene
y me invade un frío glacial.

El caminar que admiro,
su porte tan gracioso,
su boca de dulce sonrisa,
el encanto de sus ojos,
la voz hechicera
con que sabe abrasarme,
de sus manos, la caricia,
¡ay! y sus besos,
¡en una llama amorosa
consumen mis buenos días!.
¡Ah! ¡La paz de mi alma
ha huido pues para siempre!

Si estoy ante mi ventana,
o afuera, todo el día,
es para verlo aparecer,
o apresurar su regreso.
Mi corazón palpita y se acelera
cuando presiente que él viene.
¡Si pudiera retenerlo 
al amparo de mi ternura!
¡Oh caricias de fuego!
¡Cuánto me gustaría un día
ver exhalar mi alma
entre sus besos de amor!

Al sonido de las trompetas
los valientes soldados
se lanzan a las fiestas
o bien a a los combates.

Pronto la aldea entera se rendirá al reposo.
Si grande es la pena, 
más grande es el premio.
Clarines, tambores nocturnos ya se oyen,
junto a los alegres cantos,
como la noche en que el amor 
ofreció a Fausto a mis ojos.

Jam nox stellata velancina pandit;
Per urbem quærentes puellas eamus!

El no viene...
¡Ay!

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a D’amour l’ardente flamme

  1. josepoliv dijo:

    Una fantástica ópera esta de Berlioz, que lamentablemente se representa poquísimo en nuestro país. Y el aria que nos traes es sublime, y sublime la interpretación de Jessie Norman.
    P.S. Antes de la pandemia se retransmitió una producción de la ONP que acudí a verla muy ilusionado en los Cinesa Diagonal de Barcelona. Tanto la escena como la dramaturgia fueron lamentables. Un bodrio absoluto.

    • José Luis dijo:

      Sublime el aria y requetesublime lo que hace con ella esta señora. Voy a pecar de antichauvinista, pero si Jessie Norman hubiese sido europea, ojito con el ranking.

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