William Herschel (1738-1822)

Solo con echar un vistazo a la fecha de nacimiento y fallecimiento de William Herschel, ya puede constatarse que se trata de otro músico (uno más) «damnificado» por la coincidencia de vivir en una época en la que Haydn, Mozart y Beethoven nos dejaban obras que taparían casi todo lo que no salió de ellos. Herschel fue un músico notable y sus comienzos auguraban una feliz carrera. Además de compositor y director de orquesta era un instrumentista capaz de dominar el órgano, clave, violín, violoncello, oboe y arpa. Vamos, un hombre orquesta, un músico total. Escribió sinfonías, música sacra, conciertos para instrumentos diversos, música de cámara, etc. Nació en Hannover, pero a los 20 años emigró a Inglaterra (de Wilhem pasó a William, claro) para evitar ser destinado a las guerras que libraba por aquel entonces Prusia, ahora con unos, después con otros. Y en Inglaterra permaneció el resto de su larga vida (84 años). A los 35 años de edad Herschel había ya creado la mayor parte de su producción musical, y que era músico a tener muy en cuenta lo demuestra esta preciosa sinfonía de cuerdas:

¿Ha pasado, sin embargo,  el nombre de William Herschel a la historia con letras de oro? Rotundamente sí. Y ni Joseph, ni Wolfgang, ni Ludwig lo han podido evitar.

Resulta que a los 35 años, fruto de un regalo, cae en sus manos un libro de astronomía, ciencia por la que siempre había tenido una gran atracción. El impacto que le causó su lectura fue tal que cambió por completo el destino por el que iba a ser enormemente célebre. Así es. A partir de entonces podría decirse que fue músico de día y astrónomo de noche. Hasta que en 1781, ocho años después, abandona definitivamente la música para dedicar todas las horas del día y de la noche a la astronomía. Ya en su época de dedicación a la música demostró gran interés por fenómenos físicos relacionados: acústica y matemáticas. Su curiosidad científica venía de lejos. Pues bien, Herschel es considerado en la actualidad como uno de los más grandes astrónomos que han existido. Su descubrimiento del planeta Urano, cuando ya prácticamente se descartaba que hubieran planetas más allá de Saturno en el sistema solar, lo consagró definitivamente. El hallazgo fue sonado en la comunidad científica, entre otras cosas porque fue el primer planeta detectado a través de telescopio. Aquí no cesa lo admirable de este gran personaje, ya que las carencias tecnológicas del momento le impulsaron a montar su propio taller y fabricar artesanalmente toda la instrumentación que necesitaba. Así que Herschel no era ya tan solo un astrónomo consumado sino un gran tecnólogo, además de hábil artesano: el telescopio con el que descubrió Urano se lo construyó él mismo. Estudió todo lo que pudo y más acerca de la física óptica y se las ingenió para fabricar y montar un sistema de lentes novedoso con el que dio un impulso decisivo al desarrollo tecnológico de los telescopios.

Urano no es un planeta más, ya que presenta curiosas características. De órbita casi circular y muy lenta (84 años se da con suma tranquilidad para una órbita completa), su distancia al rey sol es el doble de la de Saturno y su eje de rotación está muy inclinado, reposando casi en el mismo plano de su órbita. Es planeta de los gigantes, gaseoso, con una masa y volumen de 14 y 63 tierras respectivamente, y su radio es de 25.000 km. Está coronado por un sistema de anillos y satélites (27 detectados hasta el momento) que lo hacen especialmente atractivo visualmente. Por si las cosas se nos ponen crudas aquí en la tierra, es Urano un planeta que nos pilla un poco lejos. Además hace un frío que pela (-224ºC) y con rachas de viento huracanado de más de 200 km/hora. Habrá que buscar otro sitio.

No debió colmar las ansias científicas de William Herschel este impresionante descubrimiento, pues se le considera el mayor constructor de telescopios de la historia y pionero de la astronomía estelar, detectando gran cantidad de nebulosas y un sinfín de objetos celestes. William Herschel llegó a ser miembro de la Royal Society y astrónomo real de la corte de Jorge III. El mismísimo Napoleón, también un gran aficionado a la astronomía, lo recibió y le pidió disertaciones y consejos.

William Herchel fué longevo para su época y vivió 84 años. Exactamente 84 años. Justo, justo, justo 84 años: precisamente lo que tarda Urano en darse su vueltecita. O sea que, cuando nuestro músico y astrónomo falleció el planeta que descubrió estaba en la misma posición que cuando nació. Toda una premonición. Todo un homenaje. La fuerza del destino. Lo que puede la voluntad y el amor por lo que te apasiona: de ser un simple aficionado a ser una figura capital en el desarrollo de la astronomía, tanto a nivel científico como tecnológico. Pues qué mejor que cerrar el post con un precioso youtube de su concierto para viola con ilustraciones celestes para quién, además de la música, le guste la astronomía:

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5 respuestas a William Herschel (1738-1822)

  1. José Luis dijo:

    Puede sospecharse que el autor de este interesante apunte es astrómano además de melómano. Y alguna vez ha mirado las estrellas escuchando la bonita música de este señor.

    Lo de descubrir el planeta que cuando mueres te ha dado una vuelta completa es de traca, a los zodiacólogos les debe entusiasmar.

  2. Pau dijo:

    Gràcies per aquest post!

    En el cas de Herschel, músic espectacular, cal reconèixer el mèrit a l’ombra de la seva germana Caroline Herschel. I si ell va morir als 84 anys, ella ho va fer als 97… família realment interessant en molts sentits.

    PD: Les simfonies editades per la London Mozart Players són extraordinàries!

  3. josepoliv dijo:

    Muy oportuna anotación para con Caroline Herschel, considerada como la primera gran astrónoma y que trabajó codo con codo con su hermano William. Es también magnífica la aportación del precioso corpus sinfónico de este gran compositor-astrónomo.

    Gràcies!!!

  4. josepoliv dijo:

    Uno de los descubrimientos más curiosos de William Herschel fue la detección pràctica (que no teórica) de la radiación infraroja. Y el descubrimiento fue pura casualidad. Esta trabajando con el espectro de radiaciones visibles (o sea, cuya longitud de onda es percibida por el ojo humano) que proyecta un prisma que capta la luz solar. Resulta que más allá del rojo del espectro ya no observaba color alguno pero por azar se dió cuenta con estupefacción de que esa zona también se calentaba. Llegó a la conclusión (práctica) de que el prisma descomponía la luz solar en más longitudes de onda de las visibles, y la más próxima a la del rojo se la llamó infrarojo. Efectivamente, Maxwell demostró física (y matemáticamente) este fenómeno formulando su teoría sobre radiaciones electromagnéticas.

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