Suites francesas (1) ®

Las Suites francesas (BWV 812–817) son un conjunto de seis suites para teclado que Bach compiló a finales de su treintena, el período más prolífico de su vida durante el que produjo una serie de importantes obras instrumentales. Junto con las Invenciones y Sinfonías y El Clave bien temperado, las Suites francesas formaron parte integral de los exhaustivos programas de Bach para la educación de sus alumnos. Las suites para teclado, un género muy popular consistente en una media docena de estilizados bailes, tenían un alto valor educativo; se esperaba que se aprendiera de ellos la esencia de los modales y el buen gusto.

Tradicionalmente, las Suites francesas se consideraban pareja de las Suites inglesas, la otra colección inédita de suites que Bach escribió antes. Las ‘francesas’ se distinguen de las ‘inglesas’ tanto por la falta de preludio como por ser de menor tamaño. Estilísticamente, las ‘francesas’ son las más encantadoras y elegantes de las dos: tienden a evitar el uso del contrapunto y se centran más en la exploración de elementos galantes como melodías cantábiles y sonoras e idiomáticas texturas de teclado.

Yo Tomita

 

N.º 1 en Re menor, BWV812

00:05 – Allemande
03:20 – Courante
05:05 – Sarabande
07:30 – Menuet 1
08:30 – Menuet 2
10:17 – Gigue

 

N.º 2 en Do menor, BWV813

00:05 – Allemande
03:16 – Courante
05:01 – Sarabande
07:56 – Air
09:22 – Menuet 1
10:48 – Menuet 2
12:26 – Gigue

 

® Hace diez años: Irène Némirovsky – Suite francesa (1)

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Suites francesas (1) ®

  1. josepoliv dijo:

    Preciosas las suites francesas. Buena idea el ofrecerlas por capítulos. Y qué lástima (o no!) no disponer de metrónomo en época de Bach, porque ya me dirás: en la Allemande de la suite 1 Gould demasiado rápido, y Schiff demasiado lento. Justo al revés que en la Guigue de la 2. Bien pensado, mejor así. Una de las riquezas de la música de Bach reside en una absoluta libertad de los tempos, con lo que se tienen versiones para todos los gustos. Tanto es así que el mismísimo Gould nos regaló dos versiones de las Golberg (una rápida, otra lenta) y así todos contentos. Y Bach también (supongo).

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