El pastor y el guisante

Estáis en un bar con el cura del pueblo. Lleva un impresionante manojo de llaves, de los portones de la iglesia, y mientras habla con vosotros y bebe su cerveza, las deja sobre una de las banquetas que hay junto al mostrador. Entra un hombre y se sienta distraído en esa banqueta, sobre las llaves. Permanece varios minutos inmóvil, paga su consumición y se va del bar. El hombre es un pastor y, cuando a su marcha se comenta lo increíble del suceso (que haya podido sentarse sobre varias llaves voluminosas sin reparar en ellas), el cura ofrece una explicación plausible. Está acostumbrado a pasarse el día en el campo, y a sentarse y a dormir sobre terrenos irregulares, llenos de piedras y palos. Tan parecido a la princesa del guisante, sólo pendiente de lo esencial.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

 

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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