Lo que se perdió Napoleón III ®

Sire:

Acabo de finalizar una gran ópera, de la que he compuesto el libreto y la música. A pesar de la profusión de medios que requiere, los recursos de que disponemos en París pueden bastar para representarla. Permítame, Sire, que os lea el poema y que consiguientemente solicite vuestra alta protección para la obra, si esta tiene la fortuna de merecerla. El teatro de la Opera se encuentra gestionado en la actualidad por uno de mis viejos amigos, quien profesa una  extraña opinión sobre mi estilo musical, un estilo que jamás ha comprendido y que no sabe apreciar. Los dos directores musicales a sus órdenes son enemigos míos. Guardadme, Sire, de mi amigo y, en lo que se refiere a mis enemigos, como dice el proverbio, ya me guardaré yo solo. Si Vuestra Majestad, tras haber escuchado el poema, no lo juzga digno de la representación, aceptaré su decisión con un respeto sincero y absoluto; pero no puedo someter mi obra a la apreciación de gentes cuyo criterio se encuentra oscurecido por prejuicios y desconfianza, y cuya opinión, por tanto, carece para mí de cualquier valor. Tomarían el pretexto de la insuficiencia del poema para rechazar la música. En algún momento estuve tentado de leer el libreto de Les Troyens a Vuestra Majestad, durante alguno de los momentos de ocio que le permitiese su estancia e en Plombieres, pero la partitura no estaba aún finalizada y temía que, si el resultado de la lectura no fuese favorable, podría sufrir un desaliento que me impidiese acabarla. Pero yo deseaba verdaderamente escribir esta gran partitura. Quería completarla con un afán constante y con el mayor esmero. Que vengan ahora el desaliento y la decepción. Nada puede evitar que la obra ya exista. Es grande y poderosa y, a pesar de la aparente complejidad de medios, es muy sencilla. Desgraciadamente, no es vulgar, un defecto que Vuestra Majestad sabe disculpar. También el público parisino empieza a comprender que la producción de juguetes sonoros no es el objetivo más elevado del arte. Permitidme, pues, Sire, expresarme como uno de los personajes de la epopeya antigua de la que tomé el argumento tema: Arma citi properate viro![“Rápido, dad a ese hombre sus armas”; La Eneida] Y creo que conquistaré el Lacio.

Soy, con el más profundo respeto y total lealtad, Sire, el más humilde y obediente servidor de Vuestra Majestad,

Héctor Berlioz,
Miembro del Instituto.
París, 28 de marzo de 1858

Pues bien, no. No tomé el Lacio. Las gentes de la Ópera se cuidaron bien de no properare arma viro y el emperador jamás leyó esta carta. El señor de Morny me disuadió de enviársela. “El emperador”, me dijo, “la encontraría poco conveniente”. Cuando Les Troyens fueron finalmente representados, mal que bien, Su Majestad no se dignó ir a verlos.

Memorias. Hector Berlioz (trad. Enrique García Revilla) 

 

Y Napoleón se perdió cosas como el monólogo de Didon, Je vais mourir…Adieu, fière cité, uno de los fragmentos bien interpretados que causaron una violenta emoción al propio Berlioz, a pesar de que difícilmente superaría esta interpretación de Regine Crespin

o el Complices de sa gloire, por citar, sin recurrir al Nuit d’ivresse,  otro fragmento que también hubiera maravillado a Berlioz en alguna de estas producciones actuales con las que no podía ni soñar.

 

 

® Hace diez años: Descubriendo América (I) – Nuit d’ivresse (Les Troyens, Berlioz)

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Lo que se perdió Napoleón III ®

  1. josepoliv dijo:

    Lo que se perdió Napoleón, y nosotros, porque por los teatros de por aquí nada de nada. Solo en 2009 en Les Arts se tuvo una producción de La Fura dels Baus con Gergiev en la dirección musical a la cual asistí. Salí algo perplejo por la puesta en escena, no me gusto nada de nada, en cambio la parte musical fue excelente. Sabía que era ópera que no podía dejar escapar en directo y que rara vez se presentaría otra oportunidad, pero la producción me quitó mucha de la ilusión que me hubiera producido de haber contenido algo de la épica que requiere. Tampoco hace falta presentarla en plan «peplum», pero caramba, hay óperas en las que no se puede hacer cualquier cosa. Luego hubo una producción en el MET retransmitida en directo a la cual no pude asistir. Pero ya no es lo mismo. En fin, habrá que esperar…o viajar.

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