Las tres grandes Luisas de la lírica (y una que no canta, de propina de las buenas) ®

Tres indiscutibles Luisas tiene la lírica. La primera, en orden cronológico inverso y empezando así reivindicando la zarzuela, es Luisa Fernanda (1932), cuánto tiempo sin verte, caballero del alto plumero. Y de ella, hay que quedarse con el precioso dúo final, Cállate corazón, con aquel “subir, subir y luego caer” con que Javier empieza a pedir tímidamente perdón a la enamorada abandonada de la obra maestra de Federico Moreno Torroba.

La segunda reúne méritos para ser la Luisa por antonomasia, primero, porque ese nombre, sin más, es el título de la ópera, Louise (1900), pero sobre todo por ser una joya en cierto sentido única. Se trata de la deliciosa Depuis le jour, lo único que la inmensa mayoría de aficionados conoce, si acaso, de esa ópera de Gustave Charpentier; de hecho lo único relevante de la producción musical de este discípulo de Massenet, un auténtico “one-hit wonder” para todos los que lo descubrimos con esta pieza relativamente frecuente en los recitales. En Depuis le jour, Louise canta la felicidad ante la vida que se le abre con su amante, y, con permiso de Renée Fleming, pocas sopranos la cantarán nunca tan bien como hacía Montserrat Caballé, que podía lucir con ella algunas de sus mayores virtudes y regalarnos momentos de una belleza sublime.

Depuis le jour où je me suis donnée,
toute fleurie semble ma destinée.
Je crois rêver sous un ciel de féerie,
l'âme encore grisée
de ton premier baiser!
Quelle belle vie!
Mon rêve n'était pas un rêve!
Ah! je suis heureuse!
L'amour étend sur moi ses ailes!
Au jardin de mon coeur
chante une joie nouvelle!
Tout vibre,
tout se réjouit de mon triomphe!
Autour de moi tout est sourire,
lumiére et joie!
Et je tremble délicieusement
Au souvenir charmant
Du premier jour
D'amour!
Quelle belle vie!
Ah! je suis heureuse! trop heureuse...
Et je tremble délicieusement
Au souvenir charmant
Du premier jour
D'amour!
Desde el día en que me entregué
cubierto de flores parece mi destino.
¡Creo soñar bajo un cielo de cuento de hadas,
con el alma todavía embriagada
por tu primer beso!
¡Qué hermosa vida!
¡Mi sueño no era un sueño!
¡Ah! ¡Soy feliz!
¡El amor extiende sobre mí sus alas!
¡El jardín de mi corazón
canta una alegría nueva!
¡Todo vibra,
todo se regocija con mi triunfo!
¡A mí alrededor todo es sonrisa,
luz y alegría!
¡Y me estremezco deliciosamente
con el encantador recuerdo
del primer día
de amor!
¡Qué bella vida!
¡Oh! soy feliz, demasiado feliz…
¡Y me estremezco deliciosamente
con el encantador recuerdo
del primer día
de amor!

Y la tercera, Luisa Miller (1849), la última de las óperas de la primera época de Verdi, otra joya no demasiado conocida pero tampoco ignorada, especialmente por el Quando le sere al placido de Rodolfo y con arias de la titular tan verdianas y notables como la que abre la ópera, con Luisa feliz como unas castañuelas explicando su flechazo, Lo vidi, e ‘l primo palpito

Lo vidi, e 'l primo palpito
il cor sentì d'amore;
mi vide appena, e il core
balzò del mio fedel.
Quaggiù si riconobbero
nostr'alme in rincontrarsi
formate per amarsi
Iddio le avea in ciel!
Lo vi, y el corazón sintió
el primer pálpito de amor;
apenas me vio él y brinco el corazón
de mi fiel amado.
Aquí abajo, al volver a encontrarse,
nuestras almas se reconocieron
porque, hechas para amarse,
así las hizo Dios en el cielo.

o el Tu puniscimi, o Signore del segundo acto en el que la protagonista se resiste a ser obligada a abandonar a su amor por salvar al padre.

Tu puniscimi, o Signore,
se t'offesi e paga io sono
ma de' barbari al furore
non lasciarmi in abbandono.
A scampar da fato estremo
innocente genitor
chieggon essi, a dirlo io fremo,
chieggon essi della figlia il disonor!
Castígame, Señor,
si te ofendí y estoy contenta,
pero no me abandones
al furor de los crueles.
Para salvar de la muerte
al padre inocente
ellos exigen, al decirlo tiemblo,
ellos exigen el deshonor de la hija.

Por último, la que no canta sino que es cantada, Der Jüngling an der Quelle (El joven junto al manantial) (ca. 1818) un mágico lied de Schubert con una Luisa como destinataria del poema, en una impagable propina de Jonas Kaufmann y Helmut Deutsch.

Leise rieselnder Quell!
Ihr wallenden flispernden Pappeln!
Euer Schlummergeräusch
Wecket die Liebe nur auf.

Linderung sucht' ich bei euch
Und sie zu vergessen, die Spröde.
Ach, und Blätter und Bach
Seufzen, Luise, Dir nach!
¡Manantial de suave manar!
¡Ondeantes, susurrantes álamos!
Vuestro somnoliento murmullo
no hace más que despertar el amor.

Consuelo buscaba junto a vosotros
y poder olvidarla a ella, la esquiva.
¡Pero, ay, hojas y arroyo
suspiran por ti, Luisa!

® Hace diez años: Louise

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Las tres grandes Luisas de la lírica (y una que no canta, de propina de las buenas) ®

  1. josepoliv dijo:

    La Luisa de la Caballé, madre mía!
    La Luisa zarzuelera siempre me ha gustado muchísimo.
    La Luisa verdiana fue de las primeras óperas de Verdi que escuché y me maravilló.
    La Luisa schubertiana interpretada primorosamente por Kaufmann y Deutsch.
    La Luisa temática del post: una gozada.

    • José Luis dijo:

      Coincido en todo, madre mía incluido, salvo en lo de Luisa Miller, que no fue ni la primera, ni… ni la sexta… ni…

      Con esta tontería de buscar cosas por seguir un hilo, se encuentra cada cosa… porque ni la interpretación de Caballé ni la de Kaufmann, ni idea de su existencia, y vaya par de joyas.

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