¡Cómo no, manito: Aquí está su rancherota!

Tengan cuidado, mis cuates, porque el capítulo que nomás comienza les puede traer problemas. Qué digo problemas: ¡problemones, problemonones! Y es que este es un capítulo en que la gente está armada con pistolas. Qué digo pistolas: ¡pistolones, pistolonones! Así que uno se descuida y se oye un tiro, y ya nomás, está muerto. Qué digo muerto: ¡muertito, apenas! Porque de los muertos de verdad-verdad me encargo yo, que soy muy macho. Qué digo macho: ¡machote, machotote! Y tráigame otro tequila, cantinero, que vamos a hablar de ella, la muy pérfida, la que me pagó mal, ¡compadre!

Generalmente, toda canción ranchera mexicana tiene como origen la historia de una mujer pérfida que pagó mal a un machote, a un machotote. Aunque se han compuesto miles de rancheras que han hecho llorar a millones de personas en cientos de países, ninguna de ellas ha contado realmente cómo fue que pagó mal la pérfida esa al pobre machote: ¿Cheque sin fondos? ¿Billetes falsos? ¿Dijo que volvería con cambio y no regresó nunca?

Tampoco sabemos qué fue lo que le compró la pérfida al machote: ¿Bienes inmuebles? ¿Artículos de tocador? ¿Enseres domésticos? ¿Ropa? Lo más probable es que se haya tratado de comestibles; es decir, artículos de rancho, pues por eso estas canciones se llaman rancheras. Pero nadie lo sabe a ciencia cierta.

El asunto es que toda ranchera gira alrededor de uno de los siguientes puntos:

1. El machote declara su amor a una hembra pérfida que le pagará mal.

2. El machote ha sido engañado por la pérfida, que ya le pagó mal.

3. El machote reacciona de una de estas maneras:

1. Se entrega a la bebida y el despecho.

2. Se entrega a la ironía y el sarcasmo.

3. Se entrega a la policía luego de matar a la pérfida.

Cantando bajo la ducha. Jorge Maronna (Les Luthiers) y Daniel Samper.

No es que no te quiera si ya no te sigo besando.
La cruz no pesa lo que cala
Son los filos, cariño santo
Cariño santo, yo no te dejo
Ni aunque me griten, ni aunque me griten
Que ya me estás, que ya me estás
Que ya me estás acabando.
Las balas perdidas pegaron siempre en mi pecho.
Pero tus besos me inyectaron
Nueva vida, bala perdida
Bala perdida bien haya el mauser
Que te ha tronado, que te ha tronado
Para acabar, para acabar
Para acabar con mi vida.
Cuatro despedidas las tengo para tí escritas.
Y ahí te las dejo pa’ que llores
Cuando te diga bala perdida
Bala perdida y a mano estamos
Y aquí murió, y aquí murió
Y adiós, adiós, y adiós, adiós
Que tengas suerte en la vida
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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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