Nada más que mirar

Vas con Amiga. Tras la lluvia, acaba de salir el sol y el suelo está húmedo y brillante. Andáis cogidos de la mano y te vas fijando en las pequeñas cosas que hay en el suelo: colillas, papeles, un corcho, chapas de botella… No tienes la impresión de que la calle esté sucia. El aire es luminoso y cada pequeño objeto tiene un brillo especial que lo hace parecer nuevo, como si caminarais por una playa y todos esos objetos acabara de tenderlos el mar a vuestros pies para que fuerais nombrándolos. El amante no desea sino dar nombre a las cosas. Es como el niño que de continuo estira su dedo para señalar lo que ve, pues necesita proclamar cada descubrimiento. La misión del amante es hacer existir lo que ama. Amar es como decir: “Ahí está”.

Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Nada más que mirar

  1. josepoliv dijo:

    Precioso texto e inmensa aria.

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