Félix de Azúa: La música ayuda a entender la vida, pero solo a los que no tienen miedo (a pensar)

Todas las cosas serias, sea la música, sea la literatura, sea la farmacopea, se están trivializando cada vez más. No es una crítica –tengo una hija pequeña, de 10 años, no puedo criticar su mundo: ya se las arreglará, como han hecho todas las generaciones–, es pura constatación: la cultura seria, como arma crítica y de conocimiento, ha desaparecido. En todos los órdenes.

Hoy es casi imposible oír música contemporánea, prácticamente ha desaparecido. Estamos escuchando la música de nuestros abuelos o bisabuelos.  La música de Bach se sigue escuchando con gran placer y como si la entendiéramos, y yo estoy convencido de que no la entendemos. Mucha gente cree que con que una cosa te guste ya es suficiente. A mí eso no me basta. Necesito saber qué es lo que me gusta, por qué me gusta y qué significa que me guste.

Se sabe que la música es emoción, pero no la emoción de una película de detectives o una novela de Agatha Christie, sino de otro tipo. No sé cual. Y llevo tantos años en esto, he hablado con tantos músicos y todos me reconocen que no lo saben. La musical es una emoción específica que no sabemos explicar. Hay bastantes libros que tratan de explicarlo desde el punto de vista de la psicología, por ejemplo… pero no explican nada.

De ahí el  éxito loco de la música industrial o mercantil. Los chavales que van a la discoteca y se ponen a dar saltos están emocionadísimos. Es una música machacona, con muy poco contenido, pero emociona exactamente igual que Juan Sebastian Bach. A mí AC/DC no me emociona nada, al revés, me da risa, pero a un chaval con un cerebro todavía en formación, por decirlo de una manera educada, le echas eso y ya está.

Si no pasan de ahí, es por culpa, por un lado, de ciertas vanguardias, movimientos negativos que parten de que no les importa nada si lo que componen no lo va a escuchar nadie, y por otro, es igual que lo que más se lee es el Hola, qué le vamos a hacer. El pobre Rajoy solo leía prensa deportiva, así le ha ido. A la gente le gusta el fútbol, las mujeres desnudas y las hamburguesas. Son entretenimientos populares. Todos los países –sobre todo los muy ricos, en los que se trabaja muy poco– están llenos de circos, hay miles de ellos; es más, todos los que se dedican a ganar dinero están tratando de inventar circos, porque es lo que da más dinero. 

En los museos la gente cabecea disciplinadamente ante un Picasso, pero con un concierto de Schoenberg o cualquier otro contemporáneo vas a tener problemas. Para empezar, va a ir poca gente, pero los que vayan tampoco van a saber muy bien qué hacer con esa música, es como si les pusieran en la mano un erizo.  

Pero más allá de los entretenimientos aparecen las cosas que esconden el significado del mundo, que lo contienen, es decir, que son capaces de darte razones para pensar en el mundo como algo que tiene sentido. Que la especie esté viva no quiere decir que respire, que coma, que copule o que mire el televisor: quiere decir que esté atenta, que atienda, que esté alerta, que escuche. Me parece muy bien que a la gente le guste lo que le guste y considere que es lo mejor del mundo, pero lo que a mí me interesa de las artes es la parte que me ayuda a entender el mundo. Y me da igual si me gusta o no, hay muchas cosas que no me gustan nada y, en cambio, me interesan horrores. Vivimos en la teoría del «me gusta». Y es muy raro pensar, porque da miedo.

Antes podías buscar ese significado por la religión, la ciencia y el arte; después, solo por la ciencia y el arte; ahora, a lo mejor solo por la ciencia, aunque esta también se está volviendo incomprensible: hay muy pocos que sepan qué es la física cuántica; la ciencia se aplica, se hacen máquinas, pero sin verdadero conocimiento, no nos ayuda a saber qué es la realidad.. Quedan momentos del arte que todavía pueden servir, pero su acceso a ellos se lo tiene que resolver cada cual, ha de ser uno mismo el que se diga: ‘No quiero morir idiota, quiero saber por qué existe esto’. Este es el núcleo de la cuestión: la música ayuda a entender el significado de la vida, pero solo pueden dedicarse a eso los que no tienen miedo. 

El arte de la música, al igual que las restantes artes en su versión seria –las cuales también son, cada una de ellas, búsqueda de preguntas e investigaciones sobre el significado–, es posible que haya llegado a su fin. No hay nada apocalíptico en esta sospecha. Es posible que los humanos ya no deseemos preguntar más, o por lo menos que no creamos aconsejable seguir preguntando a través de las artes. Entonces, así como llegó un tiempo en el que dejamos de preguntar a través de la religión, las artes dejarían de preguntar y de esperar nuestra atención.  

No hay regreso. Quedamos unos cuantos ancianos a los que todavía nos divierten estos asuntos. Cada vez somos menos y ya nos vamos muriendo. Bien: Se me han ocurrido tres matices. Uno: cada vez veo más gente joven en los conciertos de música seria. Dos: cuando yo era pequeño prácticamente no existían músicos españoles; en la actualidad hay bastantes. Y tres: parece que empieza a haber en algunas entidades, muy pocas, un cierto empeño por la enseñanza de la música. No todo está perdido.

Extractado (y reordenado) de una entrevista de Ángel Peña a Félix de Azúa a en TheObjective.com a propósito de la presentación de su libro El arte del futuro. Ensayos sobre música.

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«Brahms rechaza los castigos, el infierno y el terror de la muerte. Es más bien un bello recuerdo de quienes ya no están entre nosotros, expuesto sin desesperación ni gemidos. «

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a Félix de Azúa: La música ayuda a entender la vida, pero solo a los que no tienen miedo (a pensar)

  1. josepoliv dijo:

    Magnífico escrito de Félix de Azúa. Comparto pesimismo respecto del futuro de la música. Y resignación. Y comparto esa necesidad, intelectual y culta, de ir mucho más allà del fenómeno emocional de su recepción. Meterse dentro de la música, de su historia, de su circunstancia, de su valor, de su núcleo (fondo) y de su emboltorio (forma) es multiplicar con creces el placer de escucharla y la manera más bella de vivirla. El «me gusta» se convierte no en un pasatiempo, sino en acicate para escuchar nuevas obras o, más importante aún, redescubrir una y otra vez obras ya conocidas. El arte, como pasatiempo, es una actividad vacia de satisfacción momentánea. Nada más. No aporta nada. Quienes así lo consumen no saben lo que se pierden. Seguramente tampoco les importa… En fín, es la tendencia, es lo que se ve. Triste.

    • José Luis dijo:

      De nuevo no es un problema individual sino social. Que a alguien no le interese el arte, o que no saque(mos) todo lo que lleva dentro, no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario. Es la especie el problema, «que esté atenta, que atienda, que esté alerta, que escuche»… Occidente ya rima con decadente y parece inevitable por no decir ley de vida. Y sin embargo… vete a saber, la vida te da sorpresas, como ya vamos constatando…

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