Handel: Dúos (y 2) ®

Sin éxito en su estreno de 1735, Ariodante es hoy en día un favorito del público de ópera. Significativamente, el primer dúo asignado al príncipe escocés Ariodante y a su novia, Ginevra, se interrumpe tras unos pocos compases. Se necesitan otros tres actos de fatales malentendidos, falsas acusaciones y combates mortales antes de que a la pareja se le permita unir sus voces nuevamente. Bramo haver mille vite es esencialmente una recompensa para ambos personajes por su resistencia. El hecho de que esta pieza sea más corta que muchos de sus equivalentes  handelianos refuerza nuestra percepción de la sinceridad que subyace en la mutua afirmación de fe de los amantes.

El infalible sentido de adecuación dramática de Haendel brilla en Se teco vive il cor de Radamisto, escrita para el King’s Theatre en 1720. Estratégicamente ubicado al final del Acto II, el dúo marca la primera curva ascendente de la trama desde la trágica desgracia hacia la buena fortuna. Reencontrados después de que cada uno de ellos haya tenido un roce aterrador con la muerte, Radamisto y su esposa, Zenobia, hallan nueva fuerza en el amor inmutable, con sus líneas vocales rebosantes de una jubilosa vitalidad por encima de efervescentes cuerdas y oboes.

 

Handel tenía como su oratorio favorito a Teodora, una historia de martirio heroico que simultáneamente exalta el poder del amor terrenal. El coraje de Teodora y Dídimo al afirmar su fe cristiana es igualado por el fervor de su entrega mutua, y Haendel infunde a sus dos dúos una carga erótica totalmente convincente. En . In To thee, thou glorious son of worth (A ti, glorioso hijo del valor), la técnica del eco, tan libremente empleada en este tipo de piezas, incorpora al diálogo musical tanto a la orquesta como a las voces mismas

mientras que la sublime Streams of pleasure ever flowing (Corrientes de placer unterminables) son una preparación extáticamente amorosa para la muerte.

 

El primero de la serie de cuadros dramáticos que componen el oratorio Salomón (1749) contempla al sabio rey bíblico desde la perspectiva de la devoción religiosa y la dicha conyugal. La presencia de la reina de Salomón (sin nombre) propicia un dúo de amor, Welcome as the dawn of day  (Bienvenido como el amanecer del día), cuya serena  alegría sugiere lo que el coro final del primer acto hace explícito más tarde, que el matrimonio se consumará más que adecuadamente.

 

También lo hará el romance entre Julio César y Cleopatra, punto de interés principal de la trama de Giulio Cesare. Una vez más, como en todas las grandes óperas de Handel, sentimos que hemos crecido con estos personajes en su viaje a través del vívido y emocionante drama de la obra. Más eficazmente que cualquiera de los otros dúos gloriosos que Handel desperdigó en sus obras, ¡Caro! Bella! representa su resonante proclamación del triunfo del amor. – Jonathan Keates

 

® Hace diez años: William Christie & Orquesta y Coro de Les Arts Florissants en L’Auditori: El Baltasar de Handel (y 2)

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Las apariencias no engañan
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