El canto de las sirenas (LXX) – Los denarios de Mendelssohn

El joven Mendelssohn con Goethe

Heinrich Heine, judío como Mendelssohn, no le perdonaba su conversión al cristianismo. No solo fue bautizado cuando tenía doce años, junto con su hermana Fanny (y, poco después, su propio padre), sino que quiso manifestar una y otra vez la profunda convicción con que abrazaba la religión cristiana en versión luterana.

Había gozado de los mejores preceptores. En plena adolescencia, él y su hermana Rebecca sabían recitar en griego y componer poemas en esta lengua, además de conocer el latín. Ese bagaje increíble, fruto del azar de la inteligencia y de la necesidad de una educación planeada por una de las familias más ricas y cultas de Alemania, se ponía al servicio de la fe cristiana y luterana.

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Sostenía Tabucchi que si no dudamos estamos perdidos ®

Siempre me han gustado las personas atormentadas y contradictorias. Cuanto más dudes, mejor. Las personas que dudan mucho llevan a veces una vida más pesada y agotadora, pero son más vitales, no son máquinas. Prefiero el insomnio a la anestesia. No me gustan los personajes cuya vida es plena, satisfactoria (…) Mis libros son sobre los perdedores, los extraviados, aquéllos que están buscando. (…) Buscándose a sí mismos a través de los demás, porque creo que ésa es la mejor manera de buscarse a uno mismo.

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Después del 20 viene el 1

La tinta aún estaba fresca cuando los violines comenzaron a tocar el Allegro. Terminó su concierto más famoso el día antes de estrenarlo. Incluso llegó a hacer cambios minutos antes de su comienzo. Pero nadie podía rebatirle una sola idea musical a Wolfgang Amadeus Mozart. En su cabeza, resonaban algunos números de Las bodas de Fígaro, que comenzaría a componer meses después. Su Concierto para piano núm. 20 iba a suponer un antes y un después en su producción. Era el primer concierto en tonalidad menor, lo que durante mucho tiempo hizo a los intelectuales y compositores posteriores dilucidar sobre qué pretendió decir Mozart al necesitar 19 conciertos precedentes para dedicarle al número 20 la esperada tonalidad de Re menor. La utilizaría más tarde en los puntos más álgidos de Don Giovanni o en su eterno Réquiem. Este halo de misterio consiguió que muchos de los románticos adorasen este enigma sonoro frente al resto de conciertos del compositor de Salzburgo. Incluso Beethoven llegó a componer, en la soledad de su estudio vienés, infinidad de cadencias finales a un concierto que posiblemente sea el más «beethoveniano» de Mozart. 

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Beethoven y España ®

Igual que Goya a la pintura, Beethoven liberó a la música de la condición de arte servil y mero pasatiempo. La sacó del salón cortesano o del mundo nobiliario para llevarla al hombre de la calle, y si hoy podemos decir que la música es el arte más universal, a él se lo debemos principalmente.

También como el de Goya, a quien tantas cosas le unieron sin saberlo, su arte cabalga entre dos siglos. Partiendo del antiguo régimen, restringido y tutelar, se dirige abiertamente hacia un nuevo orden, universal y democrático. Los ideales de su época, derechos humanos, sufragio universal, independencia nacional, hermandad de una sociedad libre y feliz, se sublimaron en su espíritu creador, llevándole con decisión a abandonar los moldes clásicos y buscar, con increíble acierto, nuevas formas que le permitiesen avanzar ilimitadamente, sin perder jamás el equilibrio, en la difícil dualidad forma-contenido.

Las relaciones de Beethoven con España pueden comenzarse a rastrear desde su propio origen. El apellido Beethoven facilitó a los investigadores la comprobación del origen flamenco del compositor, cuyo abuelo Lodewik, había nacido en Malinas y, procedente de Amberes, llegó a Bonn hacia 1740, donde fue maestro de capilla del arzobispo elector de Colonia. La continuada presencia española en Flandes en los siglos anteriores no le fue desconocida a Beethoven por referencias familiares. Por otra parte, su pequeña estatura, piel oscura, manos velludas y negros cabellos, hicieron que, entre los suyos, fuera conocido como “el español”, a lo que contribuía también la viveza latina de su mirada, sus modales toscos, su aire adusto y lo apasionado y tenaz de sus apreciaciones.

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Un acorde basta…

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Stoner ®

Aquí.

 

® Hace diez años: John Williams – Stoner

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Tormentas musicales (3)

El naufragio (Claude Joseph Vernet, 1772)

13. Vanhal: Allegro «La Tempesta” de la Sinfonía en Mi bemol (1763)

El checo Vanhal, un compositor muy respetado por su abrumador triunvirato contemporáneo,  Haydn, Mozart y Beethoven,  tituló “La Tempesta” el  último movimiento de su Sinfonía en Mi bemol. Algunos estudiosos piensan que ese es el Invierno de las Cuatro Estaciones que estarían representadas en la obra. En cualquier caso, las convenciones estilísticas del clasicismo eran otras, y aquí no vamos a encontrar máquinas de viento ni onomatopeyas más o menos ingenuas; la imitación de la naturaleza es menos artificiosa que en el barroco, la sonoridad global es otra y las tormentas son esencialmente emocionales.

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Migas de Proust (59)

Los lazos que nos unen a un ser quedan santificados cuando él adopta nuestro mismo punto de vista para juzgar uno de nuestros defectos.

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EBNDCD – La conexión de la vida de Bach con su música (Seis solos o estás solo)

Lo vemos en tiempos de ansiedad: la música es una de las primeras fuentes de consuelo buscadas por todos. Los sentimientos expresados ​​por la música a veces resuenan con los nuestros y nos levantan el ánimo al proporcionar placer y consuelo.

Cuesta entender que en la primera mitad del siglo XVIII no existiera ninguna conexión entre los sentimientos reales de un autor en el momento de la composición y la obra musical que estaba produciendo. De hecho, la música era un teatro de pasiones, pero no pretendía ser un espejo o un reflejo de los propios sentimientos del artista en el momento de la creación.

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Del otro Shostakovich®

No hay demasiadas imágenes de Shostakovich feliz o risueño, ni siquiera simplemente relajado, y su música más característica, además de furia y estruendo, está tan saturada de gravedad y amargura que cuando algo parece alegre, las más de las veces se trata de un sarcasmo. Pero, siendo menos personales, en sus composiciones también encontramos pruebas de un claro sentido del humor, por ejemplo, cuando da la palabra a un trombón beodo [2:22] en el famoso Vals nº2 de su Suite para orquesta de variedades,

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Sintonías de aquella radio: Clásicos populares

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La encantadora muchacha de Inverness ®

La Batalla de Culloden (David Morier)

La mayoría de canciones populares, especialmente las festivas, son sencillas y fáciles de cantar. Pero entre las tristes, que no son pocas, las hay muy sofisticadas y que requieren intérpretes con oído y gusto muy fino. Ese es el caso de una de las canciones escocesas que Beethoven arregló a instancias de George Thomson, The lovely lass of Inverness, sobre unos versos de Robert Burns, el más grande poeta escocés, que lamentan la definitiva derrota jacobita en la Batalla de Culloden y acaban maldiciendo al Duque de Cumberland, comandante de las tropas vencedoras. El trabajo de Beethoven en esta canción es de una efectividad espectacular. Y el grupo que la interpreta en este video, de primera categoría: Ian Bostridge, Antonio Pappano, Vilde Frang y  Nicolas Altstaedt.

TThe lovely lass o' Inverness,
Nae joy nor pleasure can she see;
For, e'en to morn she cries, alas!
And aye the saut tear blin's her e'e.

"Drumossie moor, Drumossie day-
A waefu' day it was to me!
For there I lost my father dear,
My father dear, and brethren three.

"Their winding-sheet the bluidy clay,
Their graves are growin' green to see;
And by them lies the dearest lad
That ever blest a woman's e'e!

"Now wae to thee, thou cruel lord,
A bluidy man I trow thou be;
For mony a heart thou has made sair,
That ne'er did wrang to thine or thee!"
La encantadora muchacha de Inverness,
no puede ver alegría ni placer;
porque, tarde y mañana llora, ¡ay!
y de sus ojos brotan amargas lágrimas.

Páramo de Drumossie, día de Drumossie-
¡un día fatal fue para mí!
porque allí perdí a mi amado padre,
A mi amado padre, y hermanos tres.

Arcilla rojiza es su sudario
sobre sus tumbas crece la verde hierba;
¡y junto a ellos yace el muchacho más querido
que nunca vio una mujer!

Maldito seas, cruel señor,
un sanguinario creo que eres;
¡Muchos corazones has destrozado,
que nunca te hicieron daño ni a ti ni a los tuyos!.

Drumossie Moor, Inverness (Campo de la batalla de Culloden)

® Hace diez años_ Canciones populares de Beethoven (3) – Cuatro canciones escocesas

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Apocalypse now [Francis Ford Coppola, 1979]

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300 favoritas (24) – Las tres de Bruch

Como decía muy modestamente Richard Strauss de sí mismo, puede que Bruch no fuera un compositor de los de primerísima línea, pero sí un compositor de primera clase de los de la segunda línea. Y tener tres de sus obras entre las 300 preferidas de los votantes de CLASSICfM da medida de su popularidad actual, aunque en realidad, se deba y limite en gran parte a estas tres piezas, El Concierto para violín nº 1, Kol Nidrei y la Fantasía Escocesa, tres composiciones para instrumento de cuerda y orquesta, como la cuarta que quizás podría añadirse, la deliciosa Romanza para viola. En todo caso, no es mala cosecha para este autor que los expertos valoran mucho por su bastante ignorada música coral, y que en vida fue oscurecido por la sombra del gran representante del último romanticismo alemán, su amigo Brahms.

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