… y dos villancicos de Sibelius para una Feliz Navidad

Jean y Aino Sibelius delante de su casa de Ainola (1925)

No parece que Sibelius fuera muy religioso, ni Diciembre era su mes favorito. “Las semanas más oscuras del año, que van desde mi cumpleaños (el ocho de diciembre) hasta la Navidad, cuando el sol alcanza su punto más bajo, son siempre un momento difícil para mí… En cuanto pasa la Navidad, todo va a mejor y la vida vuelve a parecerme divertida”, son palabras suyas según se lee en la web This is Finland. Sin embargo, la mañana del día de Navidad acudía a Misa, y disfrutaba mucho de la festividad, con toda la familia reunida en su casa y cantando villancicos que él mismo acompañaba al piano, incluidos los compuestos por él, unas piezas que debía querer mucho cuando estuvo retocándolas hasta pocos años antes de fallecer, en su famoso período de silencio en Ainola. Tampoco nada extraño; lo cortés no quita lo valiente.

Cinco villancicos compuso Sibelius entre 1897 y 1913, que en 1915 recopilaría bajo ese epígrafe en la que quedó finalmente catalogada como su opus número 1, los cuatro primeros sobre textos suecos de Zacharias Topelius (1818-1898), un escritor finlandés de gran relevancia cultural y política, y el quinto, ya en finlandés, con letra de Wilkku Joukahainen (1879–1929) también escritor, pero más importante en su país como periodista y político. Este último, On hanget korkeat, nietokset (Alta crece la nieve), sigue siendo hoy  uno de los más queridos en Finlandia. Una nieta de Sibelius, recordaba en sus memorias cómo la Navidad empezaba con él en la casa familiar de Ainola: “A los niños nos llevaban a un cuarto de juegos que estaba a oscuras y luego nos llamaban a la sala, cuando el árbol de Navidad ya estaba iluminado. Realmente te deslumbraba con su brillo. El abuelo tocaba ‘Alta crece la nieve’, y lo hacía bien fuerte, pisando el pedal como si estuviera tocando el órgano. Estaba claro que le hubiese gustado tener también una orquesta acompañándolo.” Una sencilla melodía (que en sus primerísimos compases evoca la del O Haupt voll Blut und Wunden de Hassler repetido en La Pasión según San Mateo de Bach), unas armonías también muy sencillas y una emoción muy sincera.

La nieve está cayendo,
¡Llegó la Navidad!
Tiempo frío, heladas de invierno,
Gélidos vientos del norte, 
¡Llegó la Navidad!

Es hora de alegres canciones de nuevo,
¡Llegó la Navidad!
Se apodera de nuestras almas y corazones
Y derrite las pasadas penas
Que nos persiguen en la vida.

Oh, vamos, uníos al canto, amigos todos,
¡Llegó la Navidad!
Ese viejo amigo nuestro
Se ha desviado de su viaje
Y se quedará con nosotros unos días.

Nuestras canciones alcanzarán las estrellas
¡Llegó la Navidad!
Desde la tierra hasta los cielos
Se alzará el que tenga el humilde corazón de un niño,¡
¡Llegó la Navidad!

Señor, ten piedad,
¡Llegó la Navidad!
Y protégenos con tu fuerza
Y permítenos ver tu cielo.
¡Llegó la Navidad!

Pero el indiscutible preferido y el más cantado por los compatriotas de Sibelius es el anterior, el nº 4, Giv mig ej glans, ej guld, ej prakt (No me des esplendor, ni oro, ni pompas) en el sueco finlandés original de Topelius, En etsi valtaa,  loistoa (No deseo poder ni esplendor) en la traducción finesa que se canta hoy. También en la sencilla forma estrófica, no hay tampoco en este modesto pero precioso villancico bullicio ni alegría, sino un emocionado y esperanzado recogimiento. Y es fácil emocionarse, más aún leyendo su letra (modificada a partir de la traducción inglesa del texto original sueco), imaginando o recordando esas escenas en que, cantando con los niños, sentimos una agridulce melancolía ante ese presente y el incierto futuro. Aunque el testimonio de la nieta pone las cosas en el lugar en que deben estar: “Luego continuábamos con ‘No deseo poder ni esplendor’. Todo era alegría, sin tristeza ni nada evocador de una devoción religiosa”

No me des esplendor, ni oro ni pompas
En las benditas Navidades.
Dame la gloria de Dios, una hueste de ángeles,
Y paz en toda la tierra.
Dame el banquete que mejor complazca
Al Rey que he invitado como huésped.
No me des esplendor, ni oro ni pompas,
Dame una hueste de ángeles.

Dame un hogar en mi tierra natal,
Un árbol rodeado de niños,
Una tarde iluminada por la palabra del Señor.
Y deja la oscuridad afuera.
Dame un lugar para vivir en paz,
Con gozosa confianza, esperanza y fe.
Dame un hogar en mi tierra natal
Y la luz de la palabra de Dios.

Al alto, al bajo, al rico, al pobre,
Ven, bendita paz navideña,
Ven con la felicidad de los niños y un corazón cálido
Al invierno del mundo.
Tú solo, que nunca cambias,
Ven, mi Señor y Rey.
Al alto, al bajo, al rico, al pobre,
Ven con alegría y con un corazón cálido!

 

Al alto, al bajo, al rico, al pobre, ven, bendita paz navideña. Y quédate todo lo que puedas.

Feliz Navidad.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a … y dos villancicos de Sibelius para una Feliz Navidad

  1. josepoliv dijo:

    Preciosa música para la Navidad. Feliz Navidad!

  2. veset dijo:

    La Navidad inspiró música preciosa. Sibelius, grande de la música, es un descubrimiento para mí como compositor de villancicos. Felices fiestas

    • José Luis dijo:

      Cosa que yo también descubro gracias al blog, que hay que decir algo. Pero es curioso, tanto Papa Noel y no nos habiamos enterado de que los finlandeses cantaban unos villancicos tan bonitos. Felices fiestas!

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