Glosario de terminología musical: B

  • bajo: la más grave de las voces humanas.

Pero hay bajos y bajos.

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300 favoritas (18) – Bach, un par de relativas sorpresas

39 Tocata y Fuga en Re menor BWV 565 Johann Sebastian Bach
42 Doble Concierto para violín Johann Sebastian Bach
43 Conciertos de Brandenburgo Johann Sebastian Bach
53 Suites para Cello Johann Sebastian Bach
85 La Pasión según San Mateo BWV 244 Johann Sebastian Bach
91 Misa en Si Menor BWV 232 Johann Sebastian Bach
107 Variaciones Goldberg BWV 988 Johann Sebastian Bach
165 Suite para orquesta No.3 en Re mayor BWV 1068 (incluye Air en la Cuerda de Sol) Johann Sebastian Bach
173 Cantata BWV 147 ‘Herz und Mund und Tat und Leben’ (incluye ‘Jesus, que mi alegría permanezca) Johann Sebastian Bach
182 Toccata, Adagio y Fuga en Do mayor BWV 564 Johann Sebastian Bach
208 Cantata BWV 208 ‘Was mir behagt’ (incluye ‘Schafe können sicher weiden’) Johann Sebastian Bach
221 La Pasión según San Juan BWV 245 Johann Sebastian Bach
226 Oratorio de Navidad BWV 248 Johann Sebastian Bach
254 Concierto para violín en Mi mayor BWV 1042 Johann Sebastian Bach
287 Magnificat en Re mayor BWV 243 Johann Sebastian Bach

Buena cosecha las quince composiciones de Bach que aparecen en la votación de  CLASSICfM (empatado con Tchaikovsky y sólo superado en dos por Beethoven y Mozart) aunque en posiciones menos destacadas de lo que cabría esperar y con alguna sorpresa.

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El récord más triste

Grandes compositores fallecidos precozmente

El record más triste lo ostenta Pergolesi (1710-1736), que es, de entre los clásicos más célebres, el que falleció más joven, a los veintiseis años, víctima de la tuberculosis. Los diez primeros apellidos de esta macabra relación pueden ocasionar alguna sorpresa, pues no en todos los casos se tiene tan presente lo breve de sus vidas, empezando por la del propio Pergolesi, que compuso precisamente su obra más reconocida, el inmenso Stabat mater, en sus últimos meses de existencia, plenamente consciente de lo cercano que se hallaba el fin.

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Hojas muertas (avec paroles), Hojas de otoño (with words) ®

Parece que el éxito de Autumn leaves entre los músicos de jazz tiene que ver con el hecho de que “las estrofas presentan una típica progresión siguiendo un ciclo de cuartas y el estribillo utiliza una escala húngara menor de manera fluida”. Pues muy bien. El caso es que es el standard más escuchado e interpretado de la historia del jazz. La canción fue una de las muchas que el húngaro Joseph Kosma, un alumno de Bela Bartok emigrado a Paris en 1933, compuso sobre textos de Jacques Prevert, un poeta, dramaturgo y guionista francés vinculado al surrealismo y al anarquismo. Entre ambos escribieron Les feuilles mortes para una película de Marcel Carné (el director de Los niños del paraíso) titulada Las puertas de la noche (1946), con guión del propio Prevert, donde la canturreaba Yves Montand en uno de sus primeros papeles, logrado gracias a las dotes persuasivas de Edith Piaf, entonces su amante,

y luego una soprano llamada Irène Joachim (sí: nieta del violinista amigo de Brahms) poniendo voz a la protagonista femenina, Nathalie Nattier, que prefirió reservarse para el baile:

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De “Amar es donde”

BARCELONA

Su nombre es un refugio todavía.
La civil santidad de la codicia
y el exabrupto generoso
de Montjuïc, los muertos frente al mar.
¿Dónde está aquella culta burguesía?
¿Dónde, aquellos obreros que, además de su oficio,
se sabían poemas de memoria?
¿Qué puede unirme aún a una ciudad
que veo con su cara maquillada,
como de madre muerta?
Callo mientras escucho los tranvías de hierro
que cuando yo era joven pasaban por la Rambla:
una sonata de pobreza y rosas.
Pero, en Montjuïc tengo dos hijas,
y ahora me ofende un gentío extraño
que se ciega en la fiesta innecesaria
de gélidos hoteles, de superfluos
escaparates. Suele, en los refugios,
hacer más frío que en ninguna parte,
desolada ciudad que haces de puta.

Joan Margarit. Amar es dónde, 2015.

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El puente viejo ®

Fue construido por Radé, el arquitecto cuya vida debió durar varios siglos; si no, no se explica cómo pudo levantar todo cuanto hay de bello y permanente en tierras servias. Maestro legendario y realmente anónimo tal como la masa lo imagina y lo desea (a la masa no le gusta cargar su memoria ni hacerse deudora de muchos hombres, ni siquiera en espíritu). La gente sabe que el hada de las aguas contrarrestaba la construcción -de igual modo que, siempre y en todas partes, hay alguien que contrarresta toda construcción- destruyendo por la noche lo que había sido levantado durante el día, hasta que una voz que surgía de las aguas aconsejó a Radé, el maestro de obras, que buscase dos hermanos gemelos, aún lactantes, niño y niña, y que se llamasen Stoïa y Ostoïa 1 y que un vez hallados los emparedase en los pilares centrales del puente. Inmediatamente se pusieron a buscar a tales criaturas por toda Bosnia. Se ofreció una recompensa a quien los encontrase y los llevase. Al fin los guardias encontraron en un pueblo lejano dos gemelos de pecho y se los llevaron, a la fuerza, en virtud del poder del visir. Pero su madre no quiso separarse de ellos. Lamentándose, llorando, insensible a los insultos y a los golpes, los siguió hasta Vichegrado. Allí, consiguió llegar hasta el arquitecto. La leyenda continúa diciendo que los niños fueron emparedados, dado que no había otra solución, pero el arquitecto, según cuentan, tuvo piedad de ellos, y dejó en los pilares dos aberturas, a través de las cuales la desdichada madre podía dar de mamar a sus hijos. Estas aberturas eran unas falsas ventanas, practicadas con arte, estrechas como aspilleras, en las cuales actualmente las palomas torcaces hacen su nido. Como recuerdo, desde hace centenares de años, la leche materna corre por el muro; son unos caudales blancos y delgados que, en una época determinada del año, rezuman sin cesar de las junturas, pudiéndose ver sobre la piedra una huella indeleble. (La idea de la leche de mujer evoca en la conciencia de los niños algo muy próximo e insípido y al mismo tiempo vago y misterioso, como los visires y los arquitectos; algo que los turba y los repele.) La gente raspa esas huellas lechosas que se ven a lo largo de los pilares haciendo una especie de polvo medicinal que venden a las mujeres que, después del alumbramiento, no tienen leche.

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Amén (y otra propina)

Más de un visitante del blog habrá echado de menos una sección en el Réquiem de Mozart que en otros compositores no ha faltado. No solo eso, sino que se han lucido de manera excepcional (estoy pensando en Verdi, por ejemplo). Se trata del “Libera me”, cuyo texto corresponde al Responsorium en la liturgia de la misa de difuntos. Cierto es que no es una parte del Réquiem generalmente musicada pero creo que estaremos de acuerdo en que cualquier cosa que musicara Mozart es digna de tenerse en cuenta.

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Amén (y propina)

Han sido bastantes los que han intentado completar a su modo el Requiem de Mozart que todos hemos admirado tal como nos lo dejó Süssmayr. Pero conociendo ahora el esbozo del Amén que no quiso o pudo desarrollar aquel discípulo del genio, no es raro que lo hayan hecho ellos. Uno de los trabajos más reconocidos ha sido el de Duncan Druce, un compositor inglés fallecido en 2015 que en 1984 compuso su propia completación de la obra, argumentando: “Puede que la orquestación de Süssmayr […] no interfiera a menudo en el camino de la mirada de Mozart, pero rara vez la mejora.” De la grabación de Roger Norrington al frente de los London Classical Players, este es su Lacrimosa, ocho compases de Mozart, resto Druce, seguidos del Amen, dieciséis compases de Mozart, resto Druce. Escuchar este otro Lacrimosa es una curiosa experiencia. Y el Amén fugado queda francamente bien tras él.

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Amén (y 2)

La Sequencia es la sección más larga de toda misa de difuntos que siga la liturgia católica. Aunque no forma parte del ordinario, se suele incluir en celebraciones extraordinarias de éste tipo de misas y en la mayoría de Requiems musicados. Se trata de un himno poético litúrgico de composición estrófica y rimada que para el caso particular de la misa de difuntos presenta un texto sobre el día del juicio final. Cada compositor divide la sección de la Sequencia en diferentes sub-secciones (agrupando estrofas consecutivas, siendo las primeras palabras de la primera de ellas las que dan el título a la sub-sección: “Dies irae”…”Tuba mirum”…”Rex tremendae”…”Recordare”…”Confutatis”…hasta el “Lacrimosa” final). Mozart, Verdi, Berlioz, Dvorak siguen este patrón y Fauré no entra en este círculo debido a que omite en su Réquiem toda la Sequencia y solo cita (de manera maravillosa) el verso final del “Lacrimosa”, el “Pie Jesu”.

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Amén (1)

Salieri estupefacto ante las notas de Mozart, una de las escenas más impactantes de “Amadeus” (la película de Milos Forman, tan brillante como tendenciosa), en la que podemos observar un detalle históricamente exacto: La gran claridad de los manuscritos originales de Mozart. Pero entonces…

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Los viejos tiempos que van volviendo ®

Centro de atención primaria, antes ambulatorio. Entre pacientes esperando turno, acompañando a una persona que necesita atención, aguardas en el vestíbulo, apoyado en la pared con un libro en las manos. Frente a ti, impreso en fotocopia, un rótulo pegado con cinta adhesiva: «El Colegio de Médicos actuará por vía penal contra toda clase de insulto o agresión hacia el personal de este Centro». Al lado, otro de las mismas características referido al Colegio de Enfermeras. Un poco más allá, un tercer cartel: «Se ruega guardar silencio». En la sala de espera hay sólo una veintena de personas, pero el guirigay es espantoso: conversaciones en voz alta, llamadas por el móvil. Parece un mercado. Abundan las protestas a grito pelado, con intención de que las oiga el personal sanitario que anda cerca, en plan estoy citada a las cinco menos cuarto y son menos cinco, qué poca vergüenza, mira qué tranquilas van las enfermeras y nosotros aquí, esperando, menuda pandilla de golfos, etcétera. Todo eso, expuesto con la zafia prosodia que manejamos los españoles en nuestras relaciones con el prójimo. Por supuesto, hay varias señoras de pie y varios fornidos varones sentados, mirando al vacío como si no las vieran.

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Rickshaw, de ayer a hoy ®

El hombre del Rickshaw (Hiroshi Inagaki, 1943)

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Umbralías (2)

Hay que dar los olores en lo que se escribe. Antes, cuando era un escritor joven y responsable, quería describir minuciosamente las situaciones, los lugares. Luego comprende uno que basta con dar un olor o un color. Al lector le basta. Al lector le sirve esto mucho más. Dice Baroja de una calle que era larga y olía a pan. Ya está. Un largo olor a pan. Para qué más.

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Sintonías de aquella “Radio Clásica”: Matiné

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