El relámpago

If you’ll be the lass of Aughrim
As I am taking you mean to be
Tell me the first token
That passed between you and me
O don’t you remember
That night on yon lean hill
When we both met together
Which I am sorry now to tell
The rain falls on my heavy locks
And the dew wets my skin;
My babe lies cold within my arms;
But none will let me in
Si eres la chica de Aughrim como veo que pareces ser, dime cuál fue la primera prenda que nos cruzamos. Oh, ¿no recuerdas la noche que nos encontramos en aquella colina, de la que ahora me apena hablar? La lluvia cae sobre mis pesados mechones y el rocío humedece mi piel; mi hijo yace aterido en mis brazos; pero nadie me guarece.

-♦-

Estoy cada vez más convencido de que el conocimiento de lo que somos cada uno de nosotros es algo que se da súbitamente, de golpe, a través de un solo relámpago que de modo inesperado cruza la oscuridad. Algo similar, por tanto, a la iluminación que dicen experimentar los místicos con respecto a lo que es Dios. La diferencia, sin embargo, es que el conocimiento de lo que pueda ser uno es una tarea más difícil y sinuosa que cualquier iluminación divina puesto que nunca estamos preparados para percibir el relámpago y, en consecuencia, olvidamos su esplendor. La mayoría acaba siendo inconsciente de este olvido como si el rayo nunca hubiera existido. Únicamente unos pocos presienten que algo sucedió y quieren aprender a recordar el momento en que la noche de sus vidas se llenó de claridad.

(El esplendor)

Rafael Argullol. El cazador de instantes.

Como la desnuda verdad de la infancia y con la misma claridad y fuerza de los sueños, que las más de las veces también se olvidan antes de poderlos retener con el primer recuerdo. “Lo que está sucediendo nos puede llevar a una determinada criba moral, a una transformación espiritual, pero también puede pasar que nos conduzca a una cierta tendencia a la anestesia y al olvido”, decía el mismo Argullol hace unos días a propósito de una pandemia que, a otra escala, es también un relámpago.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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