La Marcha de los Peregrinos de Harold en Italia

Childe Harold's Pilgrimage - Italy exhibited 1832 by Joseph Mallord William Turner 1775-1851

A Berlioz no le gustaban los corsés ni le preocupaban las etiquetas. Para él, Harold en Italia era el subtítulo de su Segunda sinfonía, pero, el evidente carácter programático de la obra la aproxima al poema sinfónico, y, aunque a Paganini le pareciese poco, el protagonismo de la viola que representa a Harold, también podría permitir catalogarlo como un concierto para ese instrumento.

Pero poco importa el cajón donde se guarden tesoros como la Marcha de los Peregrinos, el segundo movimiento de esta obra, en la que, nada más empezar, escuchamos una preciosa melodía en la que cualquiera que haya disfrutado de La infancia de Cristo y su popular Despedida de los pastores, reconocerá a Berlioz.

Pronto aparece la viola, repitiendo la “idée fixe” que presentó así en el primer movimiento:

pero, con una diferencia respecto a la de la Sinfonía Fantástica que Berlioz explica en sus Memorias:

…mientras en la Sinfonía Fantástica la “idea fija” se impone como una obsesión apasionada en escenas que son ajenas a la misma y perturba el curso de la música, la melodía de Harold se superpone a las otras voces orquestales, y contrasta con ellas en tempo y carácter sin interrumpir su desarrollo.

Oséase:

A estas alturas, es evidente para cualquiera la adecuación de la viola a la “melancolía soñadora” que pretendía Berlioz para el Childe-Harold de Byron en que se inspiró, y su habilidad para exhibir el aterciopelado sonido de ese instrumento, a pesar de las reservas que le expresó a Paganini cuando éste le pidió que le compusiese algo para la viola Stradivarius que poseía:

…para estar a la altura de sus expectativas y para que un virtuoso como usted brille en una obra de ese tipo, hay que saber tocar la viola, y yo no sé.

Pero si Paganini hubiese escuchado la sección central, seguramente no habría renunciado a su encargo como hizo ante un primer movimiento en el que estaba demasiado callado para su gusto.

De hecho, Paganini no escuchó Harold en Italia hasta cuatro años después, el 16 de Diciembre de 1838, en un concierto en el que fue interpretado junto a la Sinfonía Fantástica. Lo que sucedió al acabar quedó retratado en un cuadro de Adolphe Yvon, y lo explica también Berlioz:

El concierto había terminado; yo estaba exhausto, temblando y cubierto de sudor, cuando, a través de la puerta de la orquesta, Paganini, seguido por su hijo Aquiles, vino hacia mí gesticulando expresivamente. A consecuencia de la enfermedad de la laringe de la que murió, ya había perdido completamente su voz, y, cuando no estaba en un lugar absolutamente silencioso, sólo su hijo podía oír o más bien adivinar sus palabras. Hizo una seña al niño, que subió a una silla, acercó su oído a la boca de su padre y escuchó atentamente. Luego, Achille bajó y volviéndose hacia mí, dijo: “-Mi padre me dice que le asegure, señor, que nunca en su vida le ha emocionado tanto un concierto, que su música le ha conmovido profundamente, y que si no se contuviese, caería de rodillas para darle las gracias.”

Paganini se arrodilla ante BerliozAnte estas extrañas palabras, hice un gesto de incredulidad y confusión; pero Paganini me tomó del brazo y, susurrando con lo que quedaba de su voz, dijo:” -¡Sí! ¡Sí!,” y me arrastró al escenario, donde todavía había muchos músicos, se arrodilló y besó mi mano. Imagino que no hace falta decir qué vértigo se apoderó de mí; me limito a relatar el hecho.

Sigue el comentarista de Le Monde Illustré, el periodico que, años después, publicó la historia y el grabado con el cuadro de Yvon:

Al día siguiente, Berlioz, enfermo y en cama, recibió la visita del joven Achille Paganini, que le dio la siguiente carta de su padre y se marchó a toda prisa:

«Mi querido amigo, con Beethoven muerto sólo Berlioz le podía traer de vuelta a la vida; yo, que he gustado sus divinas composiciones, dignas del genio que es Vd., creo que es mi deber rogarle que acepte como un homenaje los 20.000 francos que le serán entregados a la presentación de la nota adjunta. Siempre afectísimo suyo, Nicolo Paganini.»

Pero volvamos a la música. Al final, el protagonismo es para la orquesta y para unas campanas que, el día del estreno, le costaron un disgusto a Berlioz:

La Marcha de los peregrinos obtuvo un bis. En la repetición, hacia la mitad de la segunda parte, cuando después de una breve pausa el sonido de las campanas del monasterio se escucha de nuevo, interpretado por dos notas del arpa duplicada por flautas, oboes y trompas, el arpista contó mal los compases y se perdió. En vez de recuperar el compás y ponerse de nuevo en marcha, como he hecho una docena de veces en casos similares (tres cuartas partes de los arpistas cometen el mismo error en ese punto), Girard gritó a la orquesta: “¡el último acorde!” y allá se fueron, saltándose la cincuentena de compases anteriores. Fue una masacre.

Afortunadamente la marcha había sido interpretada correctamente la primera vez y el público no tuvo dudas de la causa de la catástrofe en la repetición. Si el error hubiese sido la primera vez, la cacofonía se habría atribuido sin duda al compositor.

El público no tuvo dudas y Berlioz, que decidió volver a dirigir él mismo sus obras, tampoco. Pero siempre hay voces discordantes:

Después de la primera audición de la sinfonía, una revista musical de París publicó un artículo en el que me maltrataron violentamente. El artículo comenzaba de esta ingeniosa manera: “¡Ha!, ¡ha!, ¡ha! – ¡haro! ¡haro! ¡Harold!”.

La palabra que sigue a la onomatopeya de la carcajada, “haro”, tiene un sentido especial en Francia: “El clamor de haro o grito de haro es el término que se usa para designar una antigua acción jurisdiccional de origen medieval que consiste en que quien cree estar siendo sufriendo un perjuicio en un momento dado grita ¡haro! para demandar justicia y pedir socorro de los testigos” (wikipedia). Por otro lado, la frase puede satirizar la forma en que el tema de Harold va afirmándose cada vez con más seguridad a lo largo de la obra. Pero sigue Berlioz:

Un día después recibí una carta anónima en la que, tras un torrente de insultos aún más groseros, me acusaban de no tener el valor suficiente para volarme los sesos.

Para comprender aún menos (si cabe) al anónimo insultante, puede escucharse completa esta Marcha de los Peregrinos y toda la obra (en la interpretación de Colin Davis y la LSO con el violista Tabea Zimmermann que se ha empleado en esta página), leyendo también todos los párrafos que Berlioz le dedicó en sus Memorias, aquí.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
Esta entrada fue publicada en Romanticismo y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a La Marcha de los Peregrinos de Harold en Italia

  1. Josep Olivé dijo:

    Los grandísimos intrumentistas deberías conocer bien a los compositores que escogen para encargarles obras a la mayor gloria no del instrumento, no del creador, sino de ellos mismos. No es una crítica a Paganini, a quien creo que, como Listz, representan una versión maravillosa de hacer música que también me fascina, sino más bien cierta perplejidad en el hecho de que se puede saber mucho de muchas cosas y poco de la naturaleza humana. Pensar que Berlioz sometería una obra suya al lucimiento exclusivo de un instrumento o un solista es conocerlo muy poco. Pero la preciosa y emocionante anécdota que nos traes en el post de un Paganini ya maduro y enfermo, resalta, por contraste, una de las paradojas más bonitas que nos trae la vida: al final, y nunca es demasiado tarde, uno termina por entender al verdadero genio, aún a costa de dimitir de su orgulloso pasado. Emocionante post, sí señor, por la obra, por el compositor, por las anécdotas, por los cortes y por no tener, el gran Berlioz…”…el valor suficiente para volarse la tapa de los sesos…”.

  2. Este 2do movimiento de Haroldo en Italia siempre ha sido mi regocijo musical más profundo desde que lo escuché por primera vez en 1991, en una grabación de la Filarmónica de Nueva York con William Lincer a la viola y Leonard Bernstein en la batuta

  3. Este 2do. movimiento de Haroldo en Italia es la música más profunda que he escuchado desde que en 1991 la conocí con la Filarmónica de Nueva York con William Lincer a la viola y Leonard Bernstein en la batuta

    • José Luis dijo:

      Debiste pensar que tu comentario se había perdido; el de un nuevo visitante queda retenido por si las moscas, pero no he eliminado la repetición porque no sabia si dejar el de “mi regocijo musical más profundo” o el de ” la música más profunda”, que es lo mismo pero no es igual 😀 y he optado por dejarlos a los dos.

      Me enorgullece tanto como me apura ver a un profesional leyendo mis comentarios, el que te antecede, enriquedeburgos, es un enamorado de (y experto en) Berlioz que se alegrará con lo que dices. Que, por cierto, da a entender que tardaste en conocer esta joya y que Berlioz no se divulga debidamente. Por ejemplo, esto debiera ser un fijo en Navidad, ¿no te parece?

      Gracias, y hasta cuando quieras

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s