Tormentas musicales (3)

El naufragio (Claude Joseph Vernet, 1772)

13. Vanhal: Allegro «La Tempesta” de la Sinfonía en Mi bemol (1763)

El checo Vanhal, un compositor muy respetado por su abrumador triunvirato contemporáneo,  Haydn, Mozart y Beethoven,  tituló “La Tempesta” el  último movimiento de su Sinfonía en Mi bemol. Algunos estudiosos piensan que ese es el Invierno de las Cuatro Estaciones que estarían representadas en la obra. En cualquier caso, las convenciones estilísticas del clasicismo eran otras, y aquí no vamos a encontrar máquinas de viento ni onomatopeyas más o menos ingenuas; la imitación de la naturaleza es menos artificiosa que en el barroco, la sonoridad global es otra y las tormentas son esencialmente emocionales.

14. Haydn: Sinfonía Nº 39, ‘Tempesta di Mare” (1768)

Uno de los más claros exponentes del Sturm und Drang, especialmente por sus movimientos extremos, sólo el cortesano Andante de la Sinfonía nº 39 de Haydn olvida la “tormenta y el ímpetu”; pero también es cierto que a la tempestad le sigue la calma. La compuso a los 33 años, poco antes de ser ascendido a  Kapellmeister de la casa Esterhazy y es una delicia.

 

15. Linley: The tempest (1776)

Thomas Linley el joven, el compositor inglés más importante entre Purcell y Elgar, “El Mozart inglés” para algunos y ciertamente amigo de Mozart, fue uno de los que puso música incidental a La tempestad de Shakespeare, incluyendo la apertura, un Storm Chorus  («Arise, ye spirits of the storm») («Despertad, espíritus de la tormenta»), que si en la parte vocal se muestra alineado con el clasicismo, en la instrumental parece muy apegado aún al barroco.

 

16. Salieri: La Tempesta di mare (1778)

Para la obertura de su ópera Cesare in Farmacusa, Salieri compuso una nueva versión de una pieza que ya había utilizado con el mismo fin en L’Europa riconosciuta, una excelente y muy descriptiva «Tempesta di mare» del que ha quedado para la historia como el presunto rival de Mozart.

17. Monza:  Sinfonía en Re mayor “La tempesta di mare” (ca 1780)

Entre las tempestades marítimas que inspiraron a clásicos menos conocidos, como Francesco Salieri (hermano y primer profesor de violín de Antonio Salieri) en su propia Sinfonía “La tempesta di mare” o  de Ignaz Holbauer en la Sinfonía para gran orquesta “La Tempestad”, puede destacarse la de Carlo Ignacio Monza, un compositor y reputado organista milanés dedicado fundamentalmente a la ópera y a la música sacra, una brevísima sinfonía claramente inscrita en el Sturm und Drang, cuyo primer movimiento justifica brillantemente el título.

18. Haydn: Ach, Das Ungewitter Naht! de «Las estaciones» (1801)

Donde nunca puede faltar una tormenta es en un recorrido por las estaciones del año, y no faltó en las de Haydn que, como Vivaldi, optó por una magnífica tormenta de verano, aquí cantada por el coro: «Ay, la tempestad se acerca». Las diferencias entre aquella y esta, ejemplifican lo que cambió la música en menos de un siglo.

 

Y estas fueron las principales aportaciones del clasicismo al subgénero de las tormentas.

 

 

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Las apariencias no engañan
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