Últimas palabras (2)

¡Qué pérdida irreparable!  – Augusto Comte

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Abigail (Nabucco) [Verdi, 1842]: Perdón, he sido muy mala

Que baje… sobre mí…
ahora que muero… tu perdón!
¡Fenena! yo fui la culpable…
¡Ahora encuentro… el justo castigo!
Ven…
Estos dos se querían…
¡Que ahora basen su esperanza en ti!
¿Ahora… quién me librará…
del pesado yugo de mi delito?
¡Ah! vosotros lo dijisteis pueblo:
“Dios ayuda”…
¡..Dios ayuda al afligido!
¡Oh Dios… te suplico, te adoro…
no me maldigas!…
¡No me maldigas!

-◊-

Senta (El holandés errante) [Wagner, 1843]: El sacrificio redentor

[12:00]
¡Gloria a tu ángel
y a tu mandamiento!
¡Aquí me tienes,
fiel hasta la muerte!

-◊-

Macbeth [Verdi, 1847]: Maldito parné

¡Mal asunto para mí, que me fié
de los presagios del infierno!
¡Toda la sangre que he vertido
está gritando contra mí ante el Eterno!
Sobre mi frente… ¡maldita!
cayó el rayo… de su venganza.
Muero siendo enemigo del cielo y del mundo.
¡Vil corona!… ¡Y sólo por ti!

-◊-

Luisa Miller [Verdi, 1849]: Contigo de la mano

La mano, Rodolfo… me siento desfallecer…
Ya no te veo… mis ojos se nublan…
¡Ah! Ven conmigo. ¡Ay!, no me dejes,
el cielo debe acogernos juntos.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Últimas palabras (2)

  1. Josep Olivé dijo:

    Finales tremendos, tremendos! Y es que, veamos, apliquemos la pura lógica, apliquemos el sentido común: después del trabajo que les daba crear toda una ópera imponente, cómo lo iban a estropear al final? Impresionantes finales!

    • José Luis dijo:

      Claro, como E.T. Un final en alto puede incluso salvar una obra mediocre. Tambien llama la atención la cantidad de óperas que acaban con la muerte de la o el protagonista. Supongo que es lo propio del romanticismo; en el barroco apenas encuentras esos finales.

      • Josep Olivé dijo:

        Y en el clasicismo tampoco. Y si por exigencias del guion debía haber muertes siempre eran fuera de escena, ya que se consideraba de un mal gusto atroz. Y el “lieto fine” era casi obligado por muy truculento que se pusiera Metastasio. Con las “escenitas” que se prodigan en “Idomeneo” y acabar con un ballet de un cuarto de hora, tela! 🙂 Y efectivamente con el romanticismo todo cambió. Una de las versiones de “La forza del destino” omite, en su escena final, una de las muertes de la versión original, porque alguien le comentó al bueno de Giuseppe que ya estaba bien con tanto fiambre en escena! 🙂

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