El canto de las sirenas (LXXII) – La música como la más clara expresión del sentimiento

…la expresión del sentimiento, (…) es la clave estética que explica el recurso emocional de  Mendelssohn a una música directa, con grandes capacidades comunicativas y expresivas. Esa era la pretensión y el propósito del compositor. Solo que después de 1848 esas premisas estéticas se fueron desconociendo. Y el sentimiento que esa música quiere suscitar se concibió como sentimentalismo convencional, blando y azucarado, en peligrosa vecindad con el kitsch musical.

Lo mismo sucedió con su música para piano más popular, sus Canciones sin palabras, unas obras aptas para un instrumento hogareño, el piano, cada vez más concurrido, especialmente por manos femeninas. La sutileza de esas composiciones, que tenían cierto carácter de apunte o boceto pictórico, fue también plenamente tergiversada.

Mendelssohn asumió esa teología estética de la inmediatez sentimental en su música, que concibió como un medio expresivo en el cual la concreción emotiva era su característica primera. Frente a la ambigüedad de dobles, triples o múltiples sentidos de las palabras, razón por la cual el lenguaje era siempre ocasión de incomprensión y de tergiversaciones continúas entre hablantes, la música -decía Mendelssohn en una célebre carta se caracteriza por su carácter mucho más preciso, concreto, imposible de confundir.

Con extraordinaria brillantez invertía en ese texto una idea que parece de sentido común, resultando paradójica en esa nueva formulación. ¿O no es propio de la música la multiplicidad de asociaciones y connotaciones -simbólicas- que le es característica, frente a la relativa univocidad de los campos semánticos del lenguaje? Pero Mendelssohn no se refería únicamente a la enunciación sino al diverso modo de vincularse palabra y nota musical con los afectos. La música “llena el alma con miles de cosas mejores que las palabras”, como decía en esa celebre carta.

Nietzsche hablará de la música como semiología de los afectos, y Schopenhauer había concebido la música como universal ante rem, anterior al mundo como representación, pura expresión sin mediaciones de la Voluntad. En su carta, Mendelssohn se limitaba a invertir el tópico respecto a la vinculación de la música con el lenguaje. A la polisemia de este respondía la música con el carácter univoco y de inexorable concreción -precisa, inconfundible- de cada nota musical. La ausencia de palabras era, mas bien, causa de rigor y despeje de equívocos**.

** El conjunto mágico de operas concentradas en piezas de música instrumental “sin palabras”, en la modalidad de oberturas, tuvo su estreno en la obra mayor de este gran músico, escrita a los dieciséis años: la obertura del Sueño de una noche de verano. Significaba una decisiva incursión en un mundo que le era próximo y favorable: el de los elfos, hadas, duendes y gnomos de la noche. En términos posteriores a 1848 puede decirse que esa colección de oberturas logra una sin-tesis -anticipada- de “música absoluta” y de “música de programa”. Son poemas musicales (o sinfónicos) condensados. La forma sonata celebra en ellas mágicos esponsales con un argumento literario o pictórico; así en la obertura a la obra de Shakespeare,

en Las Hébridas,

en Mar calma y viaje feliz,

en Ruy Blas,

o en La leyenda de la bella Melusina.

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color azul, son extractos del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este verde, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, generalmente de la wikipedia.
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Las apariencias no engañan
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4 respuestas a El canto de las sirenas (LXXII) – La música como la más clara expresión del sentimiento

  1. josepoliv dijo:

    Cuando uno piensa en la cruel inquina barriobajera de Wagner (y mucho más tarde de todo el nazismo) hacia Mendelsshon por el simple hecho de ser judío… Para escuchar a Wagner hay que olvidarse de él por completo. Para escuchar a Mendelsshon no hay que hacer ningún esfuerzo de ese tipo. Era un genio (porque hay que ser un genio para componer, a los 16 años, la obertura de «El sueño de una noche de verano») poco dado a frivolidades ni escritos extramusicales.

    Por cierto, hablando de las hermosísimas «Romanzas sin palabras»: quién las considere de un «sentimentalismo convencional, blando y azucarado» entonces debería ser coherente y decir lo mismo de mucha obra de Chopin. Pero se es más coherente aún (además de acertado) cuando se piensa que ni el piano de Mendelsshon ni el piano de Chopin tienen nada que ver con tales adjetivos.

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