Alfred Hitchcock presenta… La venus decapitada

Amanecer, el extraordinario largometraje con que Murnau inauguró su etapa americana en 1927. En el estudio del fotógrafo, jugando cariñosamente, la pareja protagonista derriba una pequeña escultura sin cabeza ni brazos y, creyéndose responsables de la mutilación, se ponen a buscarlos. La socarrona música que acompaña esa escena es…

…la de Alfred Hitchcock presenta???

La cosa no tendría nada de sorprendente si, entre las innovaciones que Murnau utilizó en esa película muda, no hubiera incluido un sistema que le permitía tener su propia y sincronizada banda sonora. De modo que la jocosa marcha no se añadió con posterioridad. Y fue al revés, fue Hitchcock quien la escuchó  en Amanecer y le gustó para su serie, con lo que durante centenares de semanas la musiquita enmarcó sus episodios, oyéndose antes y después de sus siempre sarcásticas presentaciones y despedidas.

Pero Hitchock no fue el único ni el primero en volver a emplearla en el cine. Sin ir más lejos, un año después de Amanecer, ya aparecía en un corto de Laurel y Hardy, pareja para cuyas patochadas parece hecha a medida, especialmente en una escena de cementerio como la de Habeas Corpus, tras un genial salto de valla (que puede verse a partir del minuto 9).

Y de nuevo, al siguiente año se escucharon sus compases en la primera y muy floja película sonora de Harold Lloyd, Welcome Danger (“¡Qué fenómeno!”), en una escena típica de aquellas películas de risa y miedo.

Todo lo cual es verdad pero no toda la verdad, porque el autor de la pieza no fue ninguno de los que firman la elaborada banda sonora de la película de Murnau, (Hugo Riesenfeld y Ernö Rapée) sino alguien mucho más conocido, un compositor clásico que, como Wagner y Chopin, utilizaron en ella: Charles Gounod.

Se trata de la Marcha fúnebre para una marioneta, una pieza para piano que  Gounod compuso en 1872 y arregló para orquesta unos años después, una burlona marcha fúnebre en la que, tras notificar la muerte de la marioneta, en apenas cinco minutos hay tiempo de acompañar ida y vuelta al cortejo y amenizar el refresco que la comitiva se toma en el interín. Por suerte para la memoria de Gounod, John Williams no la ha usado en ninguna de sus bandas sonoras, de modo que su autoría es pública y notoria, ahora un poquitín más.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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